domingo, marzo 11, 2007

Hoy hace tres años

Un día de estos iré a Madrid. Quizá me busque una excusa, como ir a visitar a algún amigo (de los atrapados en una carnicera de recién titulados), o estrenar el nuevo objetivo de la cámara, o ver algún museo. O quizá no, y símplemente baje a la calle, coja un par de trenes, y acabe pisando la capital en Atocha.

En muchos viajes eso fue un gesto habitual. Por una u otra razón comenzaban o acababan allí, o tenían esa estación como etapa en el camino. Pude disfrutar de esa gran ciudad esquivando las horas punta, caminando por sus calles vacías de agosto, y aquél lugar era una visita -o un apeadero- obligado.

Desde hace tres años ya no es un lugar más. La primera vez que, después de aquél día, me asomé desde las escaleras a sus andenes, donde antes sólo había ajetreo y rutina hubo sin embargo una terrible sensación de vacío, y unas terribles ganas de llorar. Imaginé a la gente corriendo, el suelo quemado, el recuento de muertos... Nunca más sería símplemente el lugar en el que cojes o dejas un tren.

El día que vuelva visitaré el monumento que hoy inauguran. Y lloraré. No podré dejar de pensar en los muertos, en sus familias -nuestras familias-, y en que estamos en una guerra abierta. Que la gente nos odiamos tanto que somos capaces de llevar a cabo una matanza así, y que además muchos no somos capaces de perdonar. Y leeré los mensajes, y lloraré. Seguramente incluso intente ocultarlo tras la cámara, con la que intentaré enfocar sólo ciertas palabras, para que el resto de la foto quede borroso, como mi mirada en esos momentos. Y más adelante la miraré, y recordaré que hay días a partir de los cuales nada es igual.