martes, mayo 15, 2007

La Renta

Siempre pensé que había dos imposiciones estatales de las que me libraría: la mili y la renta.

La mili era un residuo de una época en la que no formábamos parte de un continente bajo la protección militar de Estados Unidos, por lo que se necesitaba dar a la población una sensación de seguridad. Como casi nadie estaba dispuesto a dejar la sangre en el campo de batalla (eso sí, oficiales no han faltado nunca) no quedaba otra que obligarnos a ponernos de bonito, besar una bandera, y a correr por el campo con un hierro que tu compañero de delante rezaba por que estuviese descargado. "Uno, dos, tres cuatro / paso ligero / yo te lo mando / Uno, dos tres cuatro / firme, ponte recto / no eres nada, soldado".

La renta es otro residuo, esta vez de la era "preinformática". El estado ya tiene todos nuestros datos, y mes a mes, nos quita lo que considera necesario. Probar anualmente nuestra paciencia (¿y honradez?) ya no es imprescindible, podrían hacerlo sin nuestra inervención. No es necesario que anualmente nos peguemos con interminables formularios ilegibles (luego se quejan de los informáticos). De hecho, con confirmar el borrador a menudo basta. A mí, no sé porqué, no me han podido dar borrador, sino que me han mandado mis datos fiscales. Me han obligado a reiniciar el ordenador, instalar el programa en tal infame sistema operativo (¿para cuando una solución multiplataforma?), y dar siguiente - siguiente - aceptar ...