miércoles, marzo 31, 2010

Tisana para la tristeza

Tisana para la tristeza

Perdón, Jorge (Drexler), por robarte una frase y algo más en este ejercicio de prosa barata, pero nadie como tú como semilla de una tisana para la tristeza Ójala a alguien le sacie la sed.

A veces, sin saber por qué, te invade una abrumadora, infinita, tristeza, que no te deja pensar, que no te deja sentir más que las espinas que tienes clavadas, que te hace revivir sus ojos llorosos y te parte el alma, que se adueña de tus noches... Que hace que tu corazón, anhelante, se contraiga y baje al estómago, y te lance al sofá de sudores compartidos, a la cama de fantasías recreadas. Al infierno de promesas incumplidas, realimentadas, que generan un eco creciente en tus sienes, cuyo palpitar te ensordece la realidad. Y las letras se vuelven borrosas y sólo quieres llorar.

Y miras por la ventana, y llueve.

Pero los peatones bailan, subidos a las farolas, coordinando sus movimientos en la más perfecta coreografía de brillantes paraguas, zapatos blancos de claqué en los charcos, y sombras que se alargan y contraen, haciendo que la noche no lo parezca. Y todos te miran, y sonríen, y prosiguen su canción, recitando versos aparentemente intrascendentes que rellenan con colores el vacío de tu mirada y de la suya. Al preguntarte de dónde sale la música, una banda entra por la esquina del supermercado y se suma a la fiesta, en la que la gente ha cubierto sus mojadas prendas con chubasqueros amarillos, verdes y rosas, como el que cuelga junto a tu puerta, y todos tienen tu mismo paraguas, y sabes que todos saben qué te ocurre, y que te están invitando a bajar con ellos. Bombos, trompetas y saxofones resuenan en cada ladrillo. Todos se juntan bajo tu ventana, y se unen y se separan formando floridos mosaicos, a la vez que la banda crece y sube el ritmo, hasta que finalmente todos paran y sonríen.

Te están esperando.

Cambias tu tristeza por el chubasquero, tu dolor por el paraguas, y bajas a la calle. Una pareja te coge de los brazos y te incorpora, como un miembro más del ballet, a su coreografía. La banda toca melodías que parecen compuestas por tí, y avanzáis por el asfalto, y corréis, y saltáis. Y con cada paso, con cada alegre salto, en cada charco, se suavizan las aristas de tu dolor, y tu corazón va volviendo a su lugar, y el agua alivia el molesto palpitar.

Al torcer la esquina te encuentras en un alegre Pigalle de ensueño, de vendedores ambulantes y bombillas incandescentes, de noches de absenta y mañanas de resaca, de puestas de sol de vino, queso y poesías y, desayunos de croissant en cafetería. El Moulin Rouge preside, al fondo, y todos los peatones son ahora bailarinas. Y eres consciente de que todas sus vidas son complicadas, pero que todos están armados ahora con una sonrisa. Y sabes el final de la película, pero amas la trama, y te unes a su baile, recordando escena tras escena de un guión que bien podría ser el tuyo.

Y te despiertas en tu mesa, sobre tus brazos empapados, y apagas los altavoces, y te vas a la cama canturreando y bailando.

Y sonríes.

Viaje a Camboya: 100331 Volviendo de Siam Reap a Phnom Penh

100331 Volviendo de Siam Reap a Phnom Penh

Estoy en el asiento 14º, último en el bus del trayecto Siam Reap Phnom Penh. Llevo dos días sin escribir, pero es que han sido agotadores. En resumen, madrugar templos templos comer templos templos volver cenar saludar a la familia dormir.

Siam Reap es una de las ciudades del mundo que más turistas recibe (proporcionalmente a resto de actividades especialmente), gracias a su privilegiada posición a unos 9 km de Ankgor, uno de los más impresionantes patrimonios de la humanidad de la UNESCO. Angkor es un conjunto de templos, en su mayor parte en estado ruinoso, que los reyes de la zona han ido construyendo en honor a los dioses. Como para contar algo mal no lo cuento, invito a todo aquel que esté interesado en el tema a que se documente (será por información hoy en día) , porque merece la pena. Lo que a continuación voy a contar es un conjunto de superficiales y superfluas sensaciones, recuerdos y curiosidades que hemos ido recopilando estos dos días de no parar. Para todo lo demás, Lonely Planet.

La visita clásica a los templos sugiere dos recorridos por Angkor, uno pequeño y uno grande, para hacer en dos días. Nosotros no habíamos preparado esta visita como se merece, así que confiamos en un guía/tuk tuk para hacer el recorrido como él considerase oportuno. Se llama Mot y es un camboyano muy majete que además sabe español (raro por aquí). El primer día hicimos el pequeño, pero al revés, acabando en Angkor Wat en vez de comenzando allí. Está bien comenzar allí si madrugas para ver la salida de sol, pero si no, me parece intereante haberlo hecho al revés, porque dejas lo mejor para el final.

Hablando de puestas y salidas de sol, no tenemos suerte en este viaje. Anochece y amanece siempre con nubes, todavía no hemos disfrutado de una buena fotografía, pese a haberlo intentado ya varias veces. Una pena.

Nos ha pegado el sol de lo lindo, me parece milagroso que no estemos quemados. Ha hecho un sol del que era imposible escapar ambos días. Botella tras botella de agua. Allí se pueden comprar en casi cualquier momento, porque por todas partes hay gente (demasiada, niños) vendiendo de todo. En general se venden a 1$ (4000 rieles) cada botella grande, pero si ofreces 2000 es muy probable que te la vendan también, y no es un ahorro despreciable con la cantidad de líquido que requieren los recorridos bajo el sol entre piedras.

Volviendo a lo del regateo, es odioso. El día anterior se me abrió la muñeca (mínimo percance con la moto), y andaba buscando un pañuelo para apretármela. Lo compré por 2000 rieles, habiendo comenzado él la puja por 3$... Comprendo que se quiera ganar dinero gracias a los turistas, pero pretender cobrar 6 veces su precio me parece exagerado (estamos hablando de un simple pañuelo de tela que tenía guardado en una bolsa en un rincón). Y así con todo. Lo malo de esto es que llega un punto en que constantemente tienes la sensación de que te intentan timar, y no ando nada lejos. En la guest house, preguntando por este trayecto, me sugirieron un minubus (una Traffic) por 10$ por cabeza. Le dije que me parecía caro, porque habíamos venido desde Kampot (recordemos, atravesar el país, 11h) por 11$, siendo aproximadamente el doble del trayecto, y me dijo que el autobús normal costaba 9$, sólo 1 menos. Sin embargo, preguntando donde hemos estado yendo a desayunar y cenar (teníanj wifi), en la misma calle, a un minuto escaso, el mismo trayecto, 5.5$... Conclusión: si tienes algo de tiempo para prepararlo y ganas para regatear y/o buscar alternativas, este es un viaje que se puede hacer muy barato.

Uno de los peores ratos producidos por esto del regateo y del mercadeo me ocurrió con unos niños. A primera hora de la tarde, cuando más pegaba el sol y todavía eramos de los primeros turistas que se aventuraban por los templos, al llegar a uno vi a unos niños jugando a tirarse con unas ¿lianas?, balanceándose en un árbol. Estuve con ellos un rato, sacándoles fotos y enseñándoselas (los niños por aquí se parten viéndose). Cuando nos íbamos a ir, para agradecerles el rato, les cogimos unas pulseras. Craso error. Si me hubiese ido sin más no habría pasado nada. Optamos por coger un par de cosas a un par de niños, pero el resto nos siguió acusándonos de que habíamos comprado a otros y a ellos no. Me confieso inutil para este tipo de situaciones. A otro le dimos algo de comida (lo que sugieren por todas partes), pero ni con esas se solucionó como me habría gustado. Nos quedaremos con sus juegos, supongo.

Japón debe estar vacío, todos los japoneses están aquí.

Se nota que éste es un turismo más “adulto” y de pelas. Éramos de los más jóvenes que andábamos por las ruinas (o eso quiero pensar).

Entrar a los templos no es barato (20$ el día) pero merece la pena. Sin embargo, hay otras cosas, como la ciudad flotante, que viene costando 15$, lo cual es un tanto robo (la Lonely Planet no utiliza la palabra estafa alegremente).

Parece que si no tienes una reflex no te dejan entrar al recinto. Nunca había visto tal proporción. Igual Canon regala viajes o algo así. Canon ownea a Nikon, por cierto. Mucha gente luciendo copito, cosa bastante inexplicable, en mi opinión, para fotografiar los templos, ya que te puedes acercar a los detalles todo lo que quieras, y con un tele así pierden bastante el encanto del entorno. Eso sí, por todas partes se veían 24-70s y 24-105s (L ambos). No era plan andar cambiando de objetivo constantemente, yo exploté casi siempre el angular o, en su defecto, el 24-105. Tengo unas ganas de ponerme con las fotos... Esperemos que no me falle el disco... Crucemos los dedos.

Merecería la pena haber leído algo sobre budismo e hinduismo antes de venir, aunque el conductor del tuk tuk también es una buena referencia. Si ya es complicado para nosotros entrar en una catedral y entender algo, a pesar de haber recibido una educación en un entorno cristiano católico, imaginaos lo que entiendes en un lugar que entremezcla historia y varias religiones y cultos.

Tienen un mito muy curioso denominado XXX por el cual hay una serpiente enroscada a una montaña y, cuando los dioses y demonios luchan entre sí en busca de la esencia de la inmortalidad, tiran de esta serpiente, haciendo que la isla gire, provocando que el mar se seque. Puedes encontrar esculturas y bajorelieves relativos a esto por todas partes. Al moverse las aguas generan también espuma, de la que salen las bailarinas XXX, que también están en cada piedra,

Una de las representaciones de shiva es linga, y es, literalmente, su falo. LOL. Lo siento, soy así de simple.

La representación de la mujer viene a ser cuatro lingas dentro de un cuadrado, con una especie de fuente en un lateral. A tradición hindú decía que para que una mujer se quedase embarazada debía beber de leche vertida en este ¿recipiente?. Debe ser la versión india de quedarse preñada en la piscina. La budista ha sustituido la leche por agua y quedarse embarazado por tener buena suerte, que siempre es menos conflictivo.

En Angkor, cerca de la terraza de los elefantes, hay dos piscinas, una para mujeres (grande) y otra para hombres (pequeña). La explicación para esto es que el rey tenía muchas mujeres. Pillín...

Vivir en piedra estaba reservado para los dioses. Por eso, las viviendas para los mortales solían estar hechas de madera, por lo que no se conserva nada más que templos.

Estas construcciones datan de los siglos IX al XIV, en su mayor parte. En mi infinita ignorancia suponía que eran anteriores.

Angkor Wat está considerado el recinto religioso más grande del mundo (típica pregunta de trivial).

Aquí utilizan un ungüento parecido al ¿vicks vaporub? para todo: dolores, picotazos...

En un restaurante, tras hacer el pedido, te lo repiten todo cosa por cosa, mientras te miran sonriendo pidiéndote confirmación. Es bastante desconcertante. Los camareros, por lo general, lo son. Es fácil levantar la cabeza y encontrar su mirada fija en tí mientras te sonríen igual que un cocinero mira sonriendo a un pavo al que va a matar para hacerlo al horno.

Si sacas un portátil en un restaurante también te encontrarás como “disimuladamente” pasan por detrás para cotillear lo que haces, lo cual es muy divertido si estás hablando con la familia por el Skype. Tampoco nos llevemos a engaño, no es ni mucho menos tecnología alienígena para ellos.

Aquí es bastante habitual encontarse ordenadores de pantalla plana incluso en mercadillos (aparentemente) perdidos en el campo.


Bueno, ¿y ahora qué?


Ahora estamos de camino a la capital, en la que nos encontraremos de nuevo con Laura. Nuestro plan inicial era incluir Vietnam en el viaje, pero la dificultad para los transportes (el tiempo que se pierde en ellos especialmente) y los problemas de visados en la frontera nos han quitado las ganas, así que lo que vamos a haceer es exprimir más este país. Además, Marta va notando más el peso de las vacaciones y agradece bajar algo el ritmo. La semana que nos queda la invertiremos en ver la capital y pueblos de alrededor.


El autobús tiene hasta baño (bum gun inclusive), cosa de agradecer en viajes largos. Eso sí, la experiencia de utilizar un baño de un autobús en una carretera camboyana es bastante estresante.


He aprovechado el viaje para escribir esto, tres ejercicios más ('Tisana para la tristeza', 'Duermes' y 'Escritura rápida'), y una reseña del genial “Amar la trama” de Jorge Drexler. Podríamos decir que, a pesar de los baches, ha sido un trayecto bastante productivo :-).

martes, marzo 30, 2010

Sin metáforas

Sin metáforas

Me puedes dar el más hermoso atardecer,

lo devoraré pensando en el amanecer.


El más triste relato de tu vida,

estaré buscando la salida

que no tomaste.


Exigente

todo perfecto y pulido

siempre

mucho contigo, aún más conmigo.

Aprende, aprende, aprende.


Si me heriste

lo olvidaré al poco tiempo.

Lo que me atormenta es mi propio lamento

de las heridas causadas

los males que hice

las promesas defraudadas.


Haciendo,

neuronas siempre activas

en imagenes, notas o textos

pero mi silueta, siempre movida

porque nunca me detengo

ni en mi vida

ni para conseguir lo que deseo.

Viaje a Camboya: 100328 Camino a Siam Reap (Angkor)

100328 Camino a Siam Reap (Angkor)

Hoy tocaba madrugar, así que nos hemos anticipado a la música de la boda de ayer que, al igual que el día anterior, ha comenzado a sonar, puntual, a las 6, poco después que los gallos (que comienzan a eso de las 5). Esto es lo que tiene un pueblo :-).

Nos acabamos de montar en el autobús para Angkor. Tiene cortinillas estampadas y detalles decorativos floridos como la cocina de las abuelas, pero en colorido y dentro de un autobús. Qué horteras son, por dios.

En total son 11 horas de viaje aproximadamente, haciendo escala en Phnom Penh (aproximadamente :) ). En cosa de cinco y algo llegamos a laa escala, tras varias horas de llanto inconsolable de un niño. Hay cosas que son internacionales.

El el autobus viajaban, delante de nosotros, tres niñas musulmanas, fácilmente distinguibles por su cobertura de pies a cabeza. Le he pedido permiso a una de ellas para hacerle una foto y no me lo ha concedido. Es la primera persona con la que me ocurre en todo el viaje, una pena. Se ha pasado la mitad del trayecto sin dejarnos de mirar. Supongo que le causamos más curiosidad que la película de Jackie Chan que echaban en la tele.

No pensé que lo diría en este viaje, pero nos hemos congelado. Hemos tenido que tapar el aire acondicionado con las cortinas para no morir de una pulmonía.

Ahora mismo estamos saliendo de la capital hacia Siam Reap. Hemos comido en un chino junto a la estación (noodles con ternera, para no arriesgar), café y a proseguir el camino. Al arrancar se han puesto a repartir bolsas para vomitar, y casi todo el mundo ha cogido. Suponemos que, para empezar, será porque la carretera será poco mejor que una comarcal española (como ha sido casi todo el tiempo la que nos ha traído hasta aquí). Por otro es porque la mayor parte de los camboyanos no están acostumbrados a la velocidad. Alguien nos contaba (no diré su nombre) que cuando quería jugársela a algún camboyano que se lo mereciese, le metía en el coche y le ponía a 120km/h. Al parecer ni uno ha resistido, y alguno varias veces. Aquí el transporte estrella es la moto, para trayectos cortos. Más que eso les marea.

Al poco ya han caído varios. Y ahora, por variar, nos estamos cociendo, y eso es más difícil de tapar con las cortinas.

Como hoy no habrá mucho que contar, aprovecho para soltar otra de las curiosidades: la “bum gun” (en un bar ví esta curiosa denominación, ahora comprenderéis por qué). Supongo que por una deficitaria red de alcantarillado y de tratamiento de aguas fecales (y del agua en general, ni los de allí beben del grifo), en todos los baños encuentras un cartel que indica que no tires ningún papel por el retrete. Aquí el mecanismo oficial para limpiaarse el trasero es una pistola de agua. Una vez la usas, te secas y listo (y fresco :-) ).

Marta juega al Meteos como buenamente puede con los baches. Yo sigo escribiendo historietas.

Hemos llegado, el Babel es un guest house bastante maja. Pensábamos que tenía wifi gratis pero no, pero bueno, por lo demás es un hotel. He cenado hamburguesa de cocodrilo. Nada especial, pero tenía que probarlo ^_^.

Tras encontrar un bar con wifi para charlar con la familia vía Skype, a casa, que mañana será un día largo.

lunes, marzo 29, 2010

Nuestra canción

Nuestra canción

El bar está casi vacío mientras el guitarrista da una lección de virtuosismo en el último bis. En primera y última fila, una lágrima resbala de sus ojos azules a su blusa. La melodía le recuerda a su padre, a sus juegos de niña, sus lecciones de adulto, a su funeral. Las cuerdas viajan de una alegre infancia a una frenética adolescencia de amores y desengaños, como todas. En las últimas notas el ritmo muere, en lo que parece un llanto que ella acompaña en silencio. El la ha visto, y al acabar la canción no aparta su mirada de la de ella mientras le aplaude. Después la invitará a una copa, y charlarán, y la contará que compuso la canción pensando en su madre, que ya no está con ellos. Que le compró su primera guitarra y le dio su último aplauso. E irán a su hotel, y harán el amor una primera y última vez, y esa noche serán un poco más felices.

En la discoteca de al lado, la misma música machacona de siempre, generada con los mismos samples, bajo el sello de los mismos productores, hace que cientos de personas muevan el culo al ritmo de siempre. En la barra, cinco chicos cortejan a otras tantas. Algunos acabarán esa noche juntos en el coche, y alguno se casará, y tendrán hijos, y recordarán esa canción como suya. Y morirán un poco más cada vez que la pongan en el salón, mientras ven la televisión, y no sabrán decir porqué.

Viaje a Camboya: 100327 Kampot (III)

100327 Kampot (III)

Hemos comenzado el día mal. A las 6 de la mañana nos despertó música camboyana altísima. Supusimos que sería la señora de la limpieza que, en la habitación de al lado, habría puesto la radio. Salimos a pedirle que, por favor, la bajase, pero allí no había nadie. ¡Eran los vecinos! ¡Que están a unos 20 metros de distancia! Al parecer otra de las tradiciones de las bodas es molestar a todo el vecindario con un volumen ensordecedor ¬¬'.

Hoy ha sido un día de deshacer planes. Pensábamos coger la moto para ver los alrededores, pero por cuestiones que no vienen al caso no era opción conducir tanto, así que nos hemos ido al centro a coger los billetes de autobús de Marta y míos para Angkor (Siam Reap) al día siguiente. Primera sorpresa: 11 horas de viaje ¬¬. No sé si os he comentado que la red de carreteras es... digamos... precaria (por no decir inexistente), y todos los traslados se vuelven muy complicados. Y no hay tren (Baptiste está trabajando en la reconstrucción de la única vía, aunque creo que ya lo he comentado).

Del resto del día no mucho más que comentar. Vegetar y visita al resto de la ciudad (cárcel, pastelería... :) ). Por la tarde pensábamos recorrer el río en barco pero nos confundimos de hora, así que tampoco.

Ahora nos vamos a cenar a Kep. Pescado y gambones junto al mar. Más bien sobre, ya que es una fila de restaurantes que han montado sobre las propias aguas. Se escuchan las olas rompiendo bajo tus pies. Y de postre, a un resort de lujo cercano a tomar unos postres.

Y a casa a hacer la maleta, que mañana madrugamos.


domingo, marzo 28, 2010

Érase una vez... una línea de código

Érase una vez... una línea de código

Una tonterida que se me ha ocurrido y que espero que al menos saque una sonrisa a quienes se sientan identificados con malos días y Malas Líneas de Código

Había una vez un buen programador, de los que se saben atajos en Eclipse, de los que leen libros, de los que no tienen miedo a los manuales de referencia. Pero ese programador tenia un mal día. Tras meses haciendo horas extras su novia se cansó y le dejó, e hizo la Mala Línea de Código. Y no vio que no era buena, e hizo commit.

Había una vez un buen equipo de calidad, de los que prueban todo meticulosamente, de los que siguen los planes de pruebas, de los que automatizan, de los que componen buenas baterías de prueba, Pero ese equipo tenía un mal día. La noche anterior había sido la cena de la empresa que les subcontrataba, y se hizo larga, y dura, e intensa, y la mañana estaba siendo eterna, insufrible e improductiva. Y no siguieron correctamente el protocolo, y la Mala Línea de Código pasó inadvertida por sus manos.

Había una vez un buen lider de proyecto, de los que tratan bien a su equipo, de los que revisan las métricas, de los que verifican la cobertura de las pruebas, de los que saben atar en corto a los comerciales. Pero ese líder tenía un mal día. El disco duro estaba corrupto y había tenido que reinstalar el entorno, y su equipo había sido eliminado de la Liga de Campeones, y la leche del desayuno estaba cortada. Y no vio que las pruebas no cubrían la Mala Línea de Código y generó una nueva versión del producto.

Había una vez un buen responsable de sistemas de una compañía, de los que no abren la boca si no tienen claros los requisitos, de los que redactan especificaciones completas y coherentes, de los que preparan pruebas de regresión para evitar errores en los cambios de versión.. Pero ese responsable tenia un mal día. Le habían despedido a la mitad de su plantilla, la otra mitad cobraría menos y estaba enfadada, otros proveedores estaban con retraso, y le había salido un juanete. Y no ejecutó las pruebas de regresión con la nueva versión del producto, y la Mala Línea de Código fue desplegada en todos los sistemas.


Años más tarde una buena persona tenía un buen día. Se iba de vacaciones con su novia a otro continente, porque le acababa de tocar la lotería y se habían retirado del trabajo, y además habían amanecido más altos, más guapos y se querían más. Pero el avión en el que se montaron tenía un mal día. Un pájaro se sentó en un sensor que funcionaba correctamente pero parecía que no, así que se ejecutó por primera vez la Mala Línea de Código, que hizo su labor y el avión despegó sin tener que hacerlo, y en cuanto tomó altura todos los sistemas fallaron, y los de emergencia no fueron disparados, y se cayó al mar, lejos de islas que saltan en el tiempo y en el espacio, y mucho, mucho más al fondo que cualquier otro avión que nunca hubiese ejecutado una Mala Línea de Código.


Moraleja: no dejes que un mal día te estropee una línea de código. Mejor vete a casa y no la escribas.

Viaje a Camboya: 100326 Kampot (II)

100326 Kampot (II)

Hoy he dormido fatal. Durante toda la noche (desde las 2 hasta las 6 como mínimo) hemos tenido una tormenta muy fuerte, lluvia y viento, que sonaba como si se nos fuese a caer la casa encima. Buenom, a mí me sonaba así, Marta ni se ha enterado). Entre eso y el no haber dejado la moto a cubierto no me he podido descansar como se requiere con este ritmo, pero bueno.

Las chicas no estaban por la labor de moverse mucho hoy (quemaduras y lesiones leves varias), pero al final nos hemoss pasado toda la mañana (son las 2 menos 10 ahora mismo) sin parar. Hemos ido en moto a las afueras. En la entrada de un templo hemos estado viendo cómo unos jugaban a la petanca (exactamente igual que la nuestra). Refrigerio y más moto para llegar a un templo cercano, excavado (mejor dicho, localizado) en una cueva. Al entrar unos niños te abordan para hacerte de guía a él, pidiéndote “la voluntad” en un perfecto inglés. Les hemos preguntado que si no debían estar en el colegio, y nos han contado una milonga de que el profesor les había dicho que no fueran, porque llovía.

El templo es curioso. Es hindú en vez de budista, que es lo habitual de la zona. Unas escaleras de hormigón te llevan a la gruta en la que está el pequeño templo/altar, del siglo VII. Merece la pena, pero en mi opinión, sobre todo por el camino hasta allí, entre plantaciones y arrozales, por ver la situación de esos niños y de la zona en general. Es más o menos un cuarto de hora a través de un camino de tierra, en nuestro caso embarrado y con charcos, que la gente de la zona suele hacer en bici o andando (se veían menos motos que lo habitual). A la vuelta, mientras nos parábamos a fotografiar el punto en el que se llegan montando la vía nueva, una niña se ha caído desde la bicicleta en la que iba, más alta que ella. Ha coincidido que Laura ayer compró agua oxigenada, gasa y mercromina para sus propias heridas, y la pudo curar un poco, al menos para que no se infectase. La cara de susto de la niña era un poema.

Vuelta a Kampot, a comer en un sitio en el que los perros desaparecen día a día, a otro a por un postre y café, y vuelta a casa a hacer tiempo hasta que deje de llover, que ha vuelto a empezar.

Por la tarde vegetamos un rato en “la base” y después hicimos una fugaz visita a la pagoda de la ciudad, que tiene también un cementerio, donde vimos la versión budista de los panteones.

Por la noche, a cenar una pizza (por variar), al restaurante (pijillo) de un inglés que sin tener ni idea de pizzas se buscó los planos de un horno y unas recetas por Internet y en cosa de 6 meses se ha ganado la fama de ser la mejor pizzería de Camboya. No le reportará el Nobel de la Paz (o sí, porque según está...), pero probablemente vivirá mejor que tú y que yo toda su vida.


sábado, marzo 27, 2010

Viaje a Camboya: 100325 Kampot (I)

100325 Kampot (I)

Hoy ha sido un día intenso. Lo he comenzado presenciando un asesinato. Ulises (el pequeño gatito del dueño de la casa) ha cazado a un pájaro que se había metido en el salón. He intentado abrir la ventana, pero para cuando lo he conseguido ya se había lanzado al cuello. Descanse en paz.

Laura ha venido a buscarnos en moto y nos hemos ido

(yo de paquete en un moto-taxi) al centro a desayunar a una cafetería de precios prohibitivos para los locales, pero que tiene el aliciente de que todo su personal es discapacitado (ciegos en su mayor parte). Epic Arts, se llama, y tiene un par en Kampot y sede en Londres (creo). Incentiva actividades artísticas con discapacitados y demás. Ser discapacitado en un país como Camboya tiene que ser difícil.

De ahí nos fuimos pateando al mercado central de la ciudad, un recinto bajo techo (más o menos) con un montón de puestos, generalmente de comida. Aquí se nota que esta no es una ciudad de turistas. Ni un solo puesto de souvenirs, y todos nos miraban divertidos.

Refresco para recuperar líquidos sudados y a un alquiler de motocicletas, que me voy a motorizar ^_^. Primera vez en mi vida que voy a conducir una moto, y va a ser en la otra punta del Mundo... La moto no es dificil de controlar, pero el tráfico aquí es.. digamos... caótico xD. Ellos se entienden muy bien entre sí, pero, digamos que no tenemos las mismas convenciones / respeto por las normas de tráfico.

Estábamos muy cansados (especialmente las chicas, que acusaban una mala noche y múltiples piicaduras), así que planificamos siesta. Nos fuimos a un bar próximo a la casa de Laura para tomar algo, comer, conectarnos a Internet y después irnos allí a echar una cabezada.

Antes de las 5 arriba, que se va el sol, y hay que ver las salinas. Kampot es atravesado por un río (más correcto sería decir que ha crecido alrededor de él, como todas las ciudades) próximo a la desembocadura, hasta el punto de ser salado. Hay campos en los que, de forma semejante a los de arroz, se “cultiva” sal. En puntos con muy poca profundidad se divide en sectores, que son “barridos” y se recoge la sal que se acumula en ellos. Estuvimos un buen rato haciendo fotografías a los que lo estaban trabajando, es posible que Laura haga un reportaje de su duro trabajo.

Al volver paramos en una boda (que después resultó ser de uno de los conductores de la empresa de Baptiste). A la novia no se la veía muy contenta (o estaba muy nerviosa), todo lo contrario que a sus abuelas. Aquí en general las bodas son acordadas por las familias, y los novios habitualmente ni se conocen hasta comenzar el proceso de casamiento. Ni siquiera hay una palabra en camboyano para “novio” o “novia”, ya que eso no existe (para bien o para mal xD).

A casa, que se hace de noche. Partida al billar de la casa del dueño, y a cenar de gambas y cangrejo por 3.5$ por cabeza. Obviamente a estos precios los “expatriados” no cocinan nunca, pero una buena parte de la población tampoco. Las calles están llenas de puestos de comida y restaurantes, y se puede comer por unos 30 céntimos de dólar.

De camino al restaurante, por cierto, nos encontramos con un funeral que llevaba de celebración desde el día anterior. Sí, dos días (como mínimo) de funeral, aquí celebran todo. Y se ve, el ataud está elevado en un cruce de carroza del Orgullo Gay y árbol de Navidad, todo dorado y con lucecitas. A ver si consigo hacer una foto.

We Cannot Be Friends

We Cannot Be Friends

Una breve escena de bar. El título está prestado de una preciosa canción de Aroah. Este fue uno de los primeros relatos que comencé en los días del viaje a Camboya, en el avión de Madrid a Bangkok, y uno de los últimos que publiqué. Sigo sin estar satisfecho, pero había que sacarlo para ir pensando en otros :).

Aroah sonando, recitando sus lamentos -”te llevo en mi corazón, no en mi vida”-, en los altavoces repartidos por el techo del bar. Las anaranjadas luces de las lámparas proyecytando escasas siluetas en las paredes. Los últimos hielos derritiéndose en copas vacías de quienes se resistían a dar la batalla por perdida. Fuera, frío.

Cuando la pidieron una ronda más ella se reafirmó en que no eran pareja. A ciertas horas, ya sola, el único entretenimiento que queda detrás de la barra es especular con las relaciones de la clientela. Se había convertido en una experta. “Los camareros también son psicólogos y encima dan de beber”, dice la canción. Él no quitaba atención a la escalera, nervioso. Ella buscaba su mirada sólo cuando sabía que ambas no se encontrarían. Sus manos descansaban en la barra, lo suficientemente cerca para notar el calor pero lo suficientemente ajenas como para no rozarse.

Otro ron y otro bourbon. El tercero que les sirve, cree. El número justo para poder reir por encima de la conciencia pero no para acallarla ni encadenarla hasta el día siguiente.

Primero rellenó el bourbon de él, y comprobó que la amaba en silencio. Los otros echan furtivas miradas a su escote mientras se inclina sobre las copas. Él mantuvo la vista perdida sobre su hombro, respetando la presencia de su acompañante, pero sin fijarse en la que le servía. Sus pensamientos estaban lejos de la bebida. El alcohol cubrió el segundo hielo. “Bésala, lo está deseando”, pensaba la camarera.

Cuando rellenó el ron de ella comprobó que le deseaba. Sus ojos brillantes no perdían detalle de la mirada perdida de él. Su mano se movía nerviosa, no atreviéndose a agarrar la suya. Cubrió, generosamente, el tercer hielo con el líquido ámbar, esperando que la dosis extra la animase a hacer lo que la estaba pidiendo su cuerpo. “Bésale, lo está deseando”, pensaba la camarera.

Se alejó y les observó en la distancia lo que tardó en morir la noche. Las copas fueron vaciándose, y con ellas se iban sus esperanzas de un final feliz.

Cogió dos servilletas, y en ellas escribió algo. Les llevó dos chupitos de ron usándolas de posavasos. Ambos lo bebieron, las leyeron y las guardaron en el bolsillo.

Ella fue al baño. Cuando la camarera se acercó a él con intención de hablarle, él, con infinita tristeza, la dijo “lo sé”, antes de que pudiera dirigirle la palabra.

Cuando se fueron, él se puso el abrigo y salió primero. Cuando la camarera se acercó a ella con intención de hablarla, ella, con infinita tristeza, le dijo “lo sé”, antes de que pudiera dirigirla la palabra.

La camarera cerró el bar unos minutos más tarde, y, mientras limpiaba la barra tuvo que secar amargas gotas de llanto, el suyo, ya que ellos no podían ni llorar su distancia.

Cuando salió y bajo la verja, les vio despedirse con dos besos bajo una farola. Lo que no vio fue cómo ambos, al torcer la esquina, apretaban los puños y los dientes para contener las lágrimas, y para no volver, corriendo, a esa farola, a comenzar de nuevo la noche.

Viaje a Camboya:100324 Camino a Kampot

100324 Camino a Kampot

Me he levantado a las 5:15 de la mañana para fotografiar el amanecer (llevaba dos días poniéndolo y apagándolo, para mosqueo de la consorte, claro). Un par de fotos de larga exposición a la cabaña ha sido lo más notable. El día comenzaba cubierto (como casi todos desde que hemos llegado) y el amanecer no ha sido ni mucho menos espectacular.

He aprovechado el madrugón para conectarme a Internet por última vez desde Tailandia y me he enterado que en el curro han puesto mi foto con un marco xD. Me pregunto si pondrán ofrendas (tronquitos, nubes, café de máquina...), como aquí :P


Tras haber bajado las maletas (haciendo inútil la ducha anterior), ido hasta el pueblo y montado en una furgoneta bastante digna, ahora estamos en el ferry que nos lleva a tierra firme para ir a la frontera con Camboya. Allí nos haremos el visado y pasaremos al País de Laura. Un taxi nos llevará hasta Kampot. Esperamos estar allí para antes de la caída del sol. A ver qué tal se da. Por el momento nos vamos derritiendo de calor...


Bueno, bueno bueno =D.. Ya estamos al otro lado de la frontera, en Camboya, en el taxi camino a Kampot, tras una dura negociaciñon (bueno, 7 u 8 negociaciones realmente). Laura es la caña xD. Mmm... Eso me recuerda que no la he presentado. Si estás leyendo esto probablemente sí conoces a Marta, así que comenzaré directamente diciendo que Laura es su hermana. Es periodista (buena, muy buena, contratenla ;-) ) y está en Camboya, entre otras cosas, preparando un proyecto sobre los Jemenes Rojos y la matanza que realizaron en el país. Lleva aquí unos 7 meses ya y está aprendiendo camoyano (para negociar holgadamente, visto lo visto).

El camino ha sido... digamos... intenso =D. Hemos ido en un par de furgonetas en lo que parece una mezcla de Need for Speed y Mario Kart. En Tailandia (en Camboya debe ser todavía peor) cuando vas a adeelantar no te preguntas “¿viene alguien?”. La pregunta correcta es “¿el arcén es suficientemente amplio como para que pasemos los tres sin rozarnos demasiado?”. Hay que admitir que la carretera estaba impecable (para los estándares en los que nos movemos), pero cuando tienes a unos cien metros un todoterreno enorme maniobrando hacia el arcén para esquivar tu adelantamiento, lo pasas mal. Y sin pitar siquiera. Eso ha sido algo generalizado desde que hemos llegado. Al conducir la gente no se queja. Se asume que todo funciona con una mezcla de “la ley del más fuerte” y de “el que llega primero pasa” y en general, sorprendentemente funciona. En una semana no hemos oido un frenazo ni visto un accidente, a pesar de que la técnica para cruzar la calle sea “pongo un pie y espero que paren” (en calles del tamaño del Paseo Zorrilla), de que la gente coja los autobuses casi en marcha, o que los tuk tuks cambien de carril como si fuesen bicicletas.

Retomemos el relato de nuestro paso fronterizo.

Al bajarnos del bus te asaltan cuatro o cinco personas (y eso es poco, lo habitual es tener 7 alrededor), llamemosles “porteadores” (nos referiremos a ellos más tarde). Te cogen las maletas y las suben a un carrito. De ahí te llevan, con tres o cuatro personas siempre alrededor, preguntando, ofreciendo o pidiendo dinero por servicios que supuestamente están prestando.

El primer paso es la comprobación de que no tienes fiebre, con unas pistolas semejantes a los lectores códigos de barras de los supermercados. Tras hacerlo, el “pistolero” nos pide 20 bahn (moneda tailandesa) a cada uno, papeleta que Laura solventa rápidamente con una risotada.

En paralelo y a continuación de esto, unos nos sientan en unas mesas y nos piden el pasaporte. Yo, sinceramente, no distinguía la barrera entre lo oficial y los “servicios de valor añadido” que diríamos en jerga comercial. Resulta que en este caso era uno de estos “servicios”, que, en este momento, nos cumplimentaba los papeles del visado (requerido para pasar la frontera). También se dedicaría después a llevarnos de ventana en ventana.

El primer problema serio viene cuando, porteados por el anterior, llegamos a la ventanilla de los visados. Nos piden 1200 bahn (unos 40 dólares) por persona. Sabemos que es el doble de lo oficial, y, ademàs, se debería pagar en dólares, no en moneda tailandesa que ni siquiera tenemos. Tras discutir en la ventanilla nos meten a la oficina. Imaginad una sala de 4x5 aproximadamente, con unos seis funcionarios tailandeses con cara de infinito aburrimiento, diciendo una y otra vez la tarifa. Marta y yo, inocentes turistas, habríamos pagado e ido y ya está, como los demás, las cosas como son. Nos preguntaron si llevábamos la foto y al responder afirmativamente bajaron a 1000 (extraño). Laura, que para algo anda aquí, les amenazó incluso con llamar al ministerio xD. Inciso importante: una de las grandes lacras del país es la corrupción. La Lonely Planet incluso tiene un apartado dedicado a ello. Para que os hagáis una idea, en su primer día como motociclera, la pusieron una multa de 60$ que “negoció” hasta 2$. Ha visto cómo los conductores les tiran el dinero al suelo a los policías (literalmente).

Para evitar esto el gobierno acaba de aprobar una ley por la que si un funcionario cobra dinero que no debería, como en este caso, iría a la carcel. Laura se lo recuerda, y finalmente bajan a 25$ por cada visado (5$ más de lo que debería ser, pero bueno).

Seguimos el proceso. Nos “escanean” la cara con una webcam (logitech, por cierto, como en la comprobación de pasaportes en el aeropuerto de Tailandia), más firmas, y finalmente conseguimos el visado (que ya veía peligrar).

Mientras, Laura iba negociando cómo ir hasta Kampot. Estamos hablando de un viaje de unas dos horas y media en coche, con escasas alternativas a esta hora ya, así que la mejor es el taxi. Comenzaron en unos ciento cincuenta dólares, a lo que prosiguió una larga negociación en inglés y camboyano, amigos locales vía móvil... Al final, 70$ y aquí estamos, montados en el taxi :-)

viernes, marzo 26, 2010

Hola, hermano

¡Hola, hermano!

¡Hola, hermano!

¿Qué es de tu existencia? ¡No sé nada de tí desde la última vez que nos vimos! ¿Cómo te va? ¿Dónde estás? ¡A mí me han pasado tantas cosas desde entonces!

Primero estuve de pruebas en España. Un rollazo. ¡Desde que me pusieron en mi sitio hasta que me dieron trabajo pasaron días enteros! ¿Qué se pensaban, que era un becario? Recuerdo aquellla primera vez como si fuese hoy mismo, aunque, como siempre, fue decepcionante. Me presionaron bastante, y dí lo mejor de mí, como si fuese a ser la última vez. Me dejé los pulmones para que me escuchase toda la calle. Al final, ¿para qué? Para que fuese símplemente un saludo a un amigo que pasaba por la acera. Qué forma de desaprovechar mi valía...

A partir de entonces, lo típico por aquellos lares: que si “desgraciado”, que si “mujer tenías que ser”... Alguna marcha atrás, como mucho.

Aquellos días fueron muy aburridos, como te digo. Me sentía totalmente minusvalorado. Menos mal que sólo eran unas pruebas... Después me destinaron a Camboya. ¡Qué cantidad de trabajo! ¡Un no parar! Que si “que llego”, que si “que adelanto”, que si “estoy llegando”, que si “te quitas o te quito”, que si “cruzo yo primero”... ¡Aquí me usan para todo! Es, digamos... un trabajo más social. Toda la comunicación entre los conductores pasa por mí. ¡Y se comunican mucho!

Los que lo tienen peor son unos de nuestros primos gemelos. Aquí no saben ni que existen. Para adelantar también nos usan a nosostros, incluso varias veces. Una para advertir que se acerca, otra cuando adelanta... Lo que te digo, los intermitentes, de adorno.

Y quien dice los intermitentes, dice los retrovisores. ¡En las motos incluso les quitan! Alguno me ha contado que le llevan en horizontal... ¡para ver si llueve!

Ahora parece que estamos mayores, y estamos en un lugar de alquiler. De vez en cuando nos coge un occidental y me hace recordar aquellos días en España en los que las bocinas sólo servimos para insultar. Pringado... La verdad es que me entra algo de morriña al recordarlo. Una vez, de la emoción, se me olvidó sonar y tuvimos un pequeño rozón. Poca cosa. Menos mal que fue con un camión, y no con uno de los muchos niños que van andando o en bicicleta. Eso sí me habría dado pena.


¿Y tú, qué tal?


Un abrazo de tu hermano, que no sabe de tí desde que salió de la fábrica.

Viaje a Camboya: 100323 Disfrutando de Koh Chang (II)

100323 Disfrutando de Koh Chang (II)

Hoy va a ser día de relax y estrés. Relax porque hoy tenemos, probablemente por última vez en estas semanas, día de playa y tranquilidad. Estrés, porque tendremos que buscar y negociar nuestro pasaje para mañana, que dejamos la tierra de los Thais para pasar a Camboya.

Laura se ha quedado en los bungalows, así que Marta y yo nos hemos venido a la playa, al Ernie's, que nos ha caido simpático. Cocacola en bolsa de hielos para pasar el camino (15 minutos bajo un sol de justicia) y batidos de naranja y plátano (~1€ cada uno) para pasar el calor en la arena. Ahora estamos en una tumbona con una mesita para la oficina que me he montado aquí :-).

Acaban de pasar unos monjes budistas ataviados de la cabeza a los pies, ¡qué calor!. Uno nos ha pedido hacerse una foto con nosotros xD. Supongo que la curiosidad es mutua. Les he hecho unas foticos y les he dado la tarjeta para que me escriban y mandárselas :-).

Marta juega con el iPhone a uno de buscar las diferencias. Mientras yo pulo el relato “Volver a Gaea”, que comencé en el avión y espero publicar en el blog esta noche, la última en tierras tailandesas (*sigh*).

Acabo de terminar “Volver a Gaea”, lo que en el primer día comenté como “En el sexto folio ha llegado una idea que me gusta, Ñoña y típica, supongo, pero me gusta, Y al final de la hoja hay una decisión que tomar. ¿Final feliz o final triste? Ambos, conociéndome...”. Idea surgida de la escritura compulsiva, no basada en hechos reales :-) (nada salvo mi subconsciente, que supongo que siempre está ahí xD). Espero que bydiox, como buen juntaletras, me lo fuisile desde el cariño :-). Ya veréis (ya habréis visto, realmente, porque ese texto se publicará mucho antes que este) qué decisión tomé respecto al final. Lo que no sé si es bueno es dejar la moraleja explícita o mejor a gusto del lector.

Ahora, a comer. Noodles con soja y seafood, y verdura con cerdo y arroz. Que el picante está haciendo estragos en mi estómago.

Ernie está discutiendo con la familia. Supongo que a ella le salió rana, porque en el fondo él es el mantenido por ellas. Además, tiene toda la pinta de que su hija, que rondará los 10 años, está de camarera suya en lugar de estudiando...


En los pocos ratos que estos días me quedo solo (aún en compañía, a veces), estoy devorando con ferocidad “Amar la Trama”, el nuevo disco de Jorge Drexler. Me parece tan bueno que no puedo dejar de comentarlo aquí. Me parece un genio de la metáfora simple pero intensa, sutil pero contundente. Ya comenté aquí mismo lo que me maravillaba la metáfora central de “12 segundos de oscuridad”, y el nuevo disco mantiene, si no supera, ese nivel. Quizá se le podría acusar de repetir mucho esa estructura de repetición de causa y efecto, pero yo creo que es, sencillamente, su estilo, su firma (e incluso cita en esta canción que fragmento a continuación, diciendo “lejos de la noria de causas y efectos”.

Sirvan como ejemplo unos cuantos versos de “Aquiles por su Talón es Aquiles”:


Se es lo que se es,

lo que siempre se ha sido.

Se siente lo que se siente,

en el centro del centro silente,

tenga o no tenga evidente

sentido.

Y rara vez se es

tal y como se quiere

Se llora lo que se llora,

uno no elige de quién se enamora

ni elige qué cosas a uno le hieren.

(...)

La sed, aquella sed, la que el agua no cura,

la cruz de un presentimiento

que nos suelta a los cuatro vientos

con el mandamiento

de buscar a oscuras.

(...)


Son las diez de la noche aquí, y vuelvo a estar en un banco con los pies mirando al mar. Hace una brisa agradable, mucho mejor que estando en el suelo con cojines. Acabamos de hablar con nuestras respectivas familias vía Skype (me ven más ahora que cuando estoy en Valladolid). Marta está a mi lado quedándose medio dormida :-). Acabo de subir el primer relato de lo que espero sean muchos.

Ahora, a dormir, que mañana nos recogen a las 9 para ir a la frontera con Camboya. Antes de irme intentaré subir el nuevo día del diario de viaje y el nuevo relato. Próximo destino: Kampot.

jueves, marzo 25, 2010

Olor amargo

Olor amargo

Otra breve escena, de nuevo citando a Aroah, pero esta vez en la postdata.

Me levanté con un terrible dolor en las piernas, como si hubiese caminado el día anterior a lo largo de toda la ciudad. No era lo único que me dolía. Algo en la cabeza me martilleaba como si me hubiese bebido también todas las botellas que se me hubiesen cruzado en mi camino.

Encendí la luz de la mesilla de noche. El suelo del dormitorio estaba lleno de ropa, no sólo mía. Bajo mis pantalones asomaba una falda. Bajo mis calzoncillos, un sujetador. La habitación olía a humo y perfume, a sexo y sudor. Y a algo más... ¿Cómo decirlo? ¿Amargo?

Desde el baño llegó el sonido de una ducha encendiéndose.

¿Qué hice anoche?

Recuerdo hablar contigo en un bar. Recuerdo besarnos y recuerdo que discutimos. Recuerdo, vagamente, separarnos y seguir bebiendo. Me veo, después, corriendo hacia otro bar, y después a tu casa. Me recuerdo corriendo varias veces más, y me recuerdo también bebiendo. Supongo que por eso duelen hoy los recuerdos. Aunque, por otra parte, los domingos casi todos los recuerdos duelen.

La ducha se cerró. Fui al baño, pero no te encontré. El lugar de tu melena morena era ocupado por una coleta rubia, y en lugar de tus ojos marrones, unos ojos verdes que me miraron, me abrazaron y me besaron. En esos ojos verdes no era yo el que me reflejaba, ni ella en los míos. Los dos lo sabíamos.

En ese momento reconocí re olor amargo del dormitorio, el olor a desengaño y desamor.

En el movil, un mensaje entrante de “No quiero volver a verte”. Uno saliente de “No te necesito”.

Y en la cama, dos personas que se han despertado con quien no esperaban.


El día después de un despecho

dejaré de fingir que sé lo que estoy haciendo.

Ya sé que llorar no sirve para nada.

- Aroah, “El día después”

Viaje a Camboya: 100322 Disfrutando de Koh Chang (I)

100322 Disfrutando de Koh Chang (I)

Nos levantamos tarde (puse mal el despertador para ver la salida del sol ¬¬), ducha, desayuno, leer el correo y a la playa. Y aquí estoy, haciendo la foto tradicional de twittear para dar sana envidia a los compañeros del curro :-). Batido de coco, agua y comida en el “Ernie's” (sic), Es un chiringuito de lo que parece un inglés arrejuntado con una tailandesa. Por aquí se ve mucho el combo occidental+tailandesa. El Cotton Cottage en el que nos alojamos tiene el mismo origen, aunque el dueño parece más joven (y del Manchester, a juzgar por su camiseta y una bandera). Las chicas hablan de estas relaciones de conveniencia de una forma un tanto despectiva, pero sinceramente no lo veo tan lamentable como parece a primera vista. La vida está llena de relaciones de conveniencia, y no creo que el porcentaje de estas parejas en el que ambos se sienten felices sea muy diferente al de las “convencionales”. Y al final lo que buscamos es ser felices, las historias de príncipes azules y amores apasionados en el fondo las dejamos para Hollywood.

A comer :-)

El día transcurrió como pone en muchos carteles de la zona: relax. Paseo desde la playa para volver. Un taxi nos pidió 150b para volver. Sí, son sólo 3.5€, pero estamos hablando de un trayecto de 5 minutos. Por ese dinero atraviesas Bangkok, y no es una ciudad ni pequeña ni con poco tráfico. Pasando de dejar que nos engañen, andando nos pondremos más morenos :-).

Acabamos la noche entre noodles, cervezas, Internet y miradas al mar.

Mientras estaba en el banco, con los pies en el aire a la merced de los mosquitos, pasó una estrella fugaz...

miércoles, marzo 24, 2010

Volver a Gaea

Volver a Gaea

Una escena algo más larga que el resto escrito estos días. Parte de una imagen (que no estaba en más sitios que en mi cabeza), rompiendo la costumbre de partir de canciones o de excarbar en los recuerdos. Es curioso cómo el subconsciente acaba apareciendo siempre. ¿Estás de acuerdo con la moraleja? Yo no lo sé.

Entré a tu estudio en silencio. Tenía la llave de tu casa, y el garaje, reconvertido a sagrado lugar de trabajo, era accesible sin necesidad de hacer notar mi llegada.

Me senté en la escalera de la entrada. Al otro lado, tapando la puerta mecánica, una gran tela roja, como un telón de teatro, sucio de pintura aquí y allá. En él, colgado, tu gran lienzo. Delante de él se dibujaba tu inquieta figura, armada con el pincel y la paleta. Te veías hermosa a pesar del aspecto desaliñado y las manchas de tu ocupación. Llevabas el pelo suelto y unos pantalones cortos con una camiseta para aliviar el calor del verano. Lucías feliz. Incluso de espaldas como estabas podía percibir que estabas radiante. En el equipo de música sonaba tu banda sonora favorita, y te movías al ritmo de los violines.

Ya casi estaba completo. Dijiste que hoy sería la gran noche, la noche en la que lo acabarías. Desde donde me encontraba se veía cómo el óleo de tu pincel había creado un impresionante entorno natural sacado íntegramente de tu imaginación. En estos momentos te dedicabas a alejarte de él y pulir detalles apenas perceptibles. Una hoja aquí, un brillo allá...

Desde que te conocí me hablabas de ese mundo. De Gaea, como lo llamabas. Me contaste que en las noches de felicidad soñabas con él. Tu primer viaje fue muy de pequeña. Tu madre te acababa de contar un cuento mientras te bebías un tazón de leche caliente. Cuando cerraste los ojos apareciste en una selva tropical, de enormes palmeras, habitada por toda clase de aves de los más diversos colores. Acababa de llover y todo olía a hierba mojada y flores. El sol brillaba y dibujaba las hojas sobre tu blanca piel. Durante el desayuno, al día siguiente, se lo contaste a tus padres. Ellos mismos lo bautizaron.

Esos viajes se fueron haciendo frecuentes, y te diste cuenta de que siempre que conseguías irte a la cama con una sonrisa pasabas la noche allí. A lo largo de los años lo fuiste recorriendo por completo. Caminos, colinas, valles, ciudades, gente... Ese mundo tuyo tenía tanto detalle como el real, y cada nuevo descubrimiento era más hermoso que el anterior. Cuando te despertabas corrías a tu escritorio para ir completando el mapa que estabas confeccionando. Ahora cuelga del telón, junto al lienzo, entre otros muchos bocetos que llevabas componiendo desde niña. Algunos de los dibujos, hechos burdamente con pinturas de cera, tiene más de veinte años. Trazos inocentes pero seguros de ovejas, duendes, niños...

En él se ve la isla aproximándote a ella desde el sur, volando. En primer plano, junto a la costa, se ve el pueblo pescador de Censla. La selva lo abraza y lo empuja hacia el agua. Algunas barcas han salido a faenar, y se ve incluso algún perro correteando sobre la arena. Entre los árboles aparecen torres de templos y, a lo lejos, picos nevados de montañas imposibles. En las esquinas del cuadro, lo que parecen dos fragmentos de alas, porque para llegar a ese mundo el único medio posible es el dragón.

Nos conocimos hace siete años, y me dijiste que ese día fue cuando apareció la ciudad. La primera vez que hicimos el amor se erigió en la isla el templo de Fatt, e incluso aparecieron nuevas especies de las que no encontrabas equivalente real. Nunca dejaba de crecer.

Sin embargo, llevas cuatro años sin viajar a Gaea. Tu madre murió. Tu padre te abandonó, aunque era lo mejor que podía hacer ese alcohólico que te pegaba. Yo insistí, pero no me dejaste venir a vivir contigo. Nunca me dejaste compartir una noche entera a tu lado. Me hacías el amor y me echabas, temerosa de verme a tu lado por la mañana y darte cuenta de que no soy lo que deseas encontrarte. Años amargos, con las maletas, cargadas de ilusión, siempre preparadas.

Hace tres me invitaste a tomar una copa de vino y me dejaste entrar por primera vez en tu estudio. Acababas de comprar el inmenso lienzo en el que llevas trabajando desde entonces. El telón de la puerta ya estaba plagado, como hoy, de los dibujos y mapas. Me besaste y me dijiste que volverías a Gaea, con una sonrisa que te cubría la cara, con los ojos vidriosos y la voz temblorosa. Te emocionaste al decirme que necesitabas volver.

Lo miraste desde mi lado una última vez, ignorando mi presencia. Suspiraste aliviada, y, sobre el ala derecha del dragón rubricaste tu nombre. Se sentí honrado de poder escuchar las cerdas deslizándose por última vez sobre la tela. Te sentaste en el suelo frente a él y soltaste el pincel. Me senté junto a tí a contemplarlo.

  • Ya está. Hoy volveré a Gaea.

Me abrazaste y nos besamos. Abriste la botella que habías comprado para esa ocasión. La vaciamos mientras me explicabas cada detalle, mientras me decías cada nombre de cada persona que se veía a lo lejos, de cada ciudad, de cada playa. De las casas en las que había humo enumerabas cada miembro de la familia. De los corros de chavales, cada apodo. De las lunas y soles, la mitología completa alrededor de la que esa sociedad componía sus creencias. Estabas exultante.

Nos quitamos la ropa e hicimos el amor en el colchón que tenías en un rincón. Fue largo, intenso, cariñoso y apasionado como nunca. Horas después, exhaustos, te quedaste abrazada a mí, con una sonrisa. Por fin, no me pediste que me fuera.


Cuando abrí los ojos el sol me cegó. Me llegaron mil sensaciones, mil olores, mil sonidos. Todo era más intenso, más vívido. Un pájaro de colores se posó delante de mí y cantó, mirándome a los ojos.

Estaba en tu mundo.

Lo recorrí durante lo que parecieron horas. Anduve por la selva, acompañado por la fauna que tú misma imaginaste, hasta llegar a tu pueblo de pescadores. Me esperabas en la plaza central, sentada en la fuente, rodeada de tus amigos. Lucías un vestido blanco y te habían engalanado con una corona de flores. Me besaste, y te ví feliz. Como nunca.

Me enseñaste el pueblo y me presentaste a cada uno de tus personajes. Me contaste sus vidas, sus miedos, sus sueños. Acariciamos las aceras hasta llegar a tu casa, una pequeña cabaña en las afueras, con un huerto y un perro que te esperaba en la puerta. Dos lunas brillaban por encima de la chimenea. Un gato nos miraba desde el tejado. Entramos, y charlamos hasta quedarnos dormidos en el sofa.


Me desperto un calor insoportable.

Paredes de cemento, un colchón viejo, una botella de vino vacía. Olor a óleo. Olor a aceite quemado. Ya no estaba en Gaea. Había vuelto a tu estudio.

El lienzo ardía y tú, debajo de él, sollozabas arrodillada. Una caja de cerillas yacía desperdigada delante de tí. La pintura se deshacía, cayendo sobre tu pelo, bautizándote con los colores que formaban la esencia primigenia de tu mundo. Gritabas que no habías vuelto, que ese mundo ya no existía. Y que el mundo real no merecía la pena.

Me intenté acercar, pero era imposible. Los jirones ardiendo me impedían alcanzarte. La pintura formaba una hirviente cascada alrededor de tus piernas. Envuelta en aquel infierno, no dejabas de gritar y no podía hacer nada para evitarlo.

Callaste cuando las llamas te abrazaron al caer el rojo telón, con el lienzo, sobre ti.


Cuando todo acabó tu figura apenas se diferenciaba entre los restos de lo que una vez fue Gaea.


Aquél dia descubrí que el mundo no es un lugar para depender de los sueños. Desde entonces vago por él, vacío, sin buscar esas sensaciones que creaste para mi aquella noche, porque sólo existieron en tu imaginación.


Y tú ya no eres real.

Viaje a Camboya: 100321 Camino a Koh Chang

100321 Camino a Koh Chang

Cambio de tercio. Dejamos Bangkok y nos vamos a pasar un par de días a una isla paradisiaca. Bus + ferry que se come gran parte del día.

Me duelen los gemelos del día anterior :'(. Recorrer ruinas a 35-40 grados durante unas 5 horas, cargando con unos 5-7 kilos en la mochila no es muy sano. Total, para usar sólo el angular. Pero claro, en la habitación tampoco lo iba a quedar. Gajes de andar con una reflex a todas partes, qué se le va a hacer. Cuando empiece la temporada de festivales tendré que optimizar, pero para un viaje de tres semanas al otro lado del globo no tengo elección.

Perdonad la mezcla de tiempos verbales de todos estos días. Tres párrafos consecutivos pueden estar escritos a priori, durante y después, y no me voy a preocupar de homogeneizar. Mis esfuerzos de estilo los reservo para la novela con la que me retiraré a una playa como en la que estoy ahora ^_^.

El día comenzaba sentados en una acera de Bangkok a las 8 de la mañana, esperando a que nos viniesen a buscar para coger el bus. Tras recorrer unas cuantas calles buscando a gente que iba en el mismo trayecto, nos montamos en un bus con aire acondicionado (menos mal). Creo que fueron unas cinco horas de viaje, pero no me hagáis mucho caso porque me dormí buena parte de él.

Paramos a comer en el típico sitio en-medio-de-ninguna-parte junto una autovía. Lo habitual cuando en un viaje organizado hay chanchullos de “te traigo un saco de turistas, les cobras el doble y vamos a pachas”. Un par de platos de arroz y noodles, agua y a retomar el camino.

Cuatro horas después (Marta vio Duplicity durante el camino) llegamos al ferry que nos llevaría a la isla.

Tras una eterna espera y un eterno trayecto a la velocidad de la tortuga, llegamos a la otra orilla. Nos apelotonan a 14 personas en una especie de todoterreno/pick-up, con las maletas en el tejado, y a recorrer la isla. A Laura le tocó ir una buena parte del trayecto en la parte de atrás, fuera, agarrada a las barras, menudo miedo con las subidas, bajadas y derrapes... Tal es la orografía de la isla que una de nuestras maletas decidió que se bajaba en marcha... Otra maleta de mi hermana que no sobrevive ni dos viajes...

Nos bajamos los últimos, porque nuestro destino, Bam Bao, está en el otro extremo. 120 bahts la carrera. Y a andar, porque hasta el guest house, Cotton Cottage, tendríamos todavía una laaaaarga caminata arrastrando las maletas por caminos de tierra e inestables puentes de madera más caseros de lo que nos gustaría. “Larga” aquí no es más de diez minutos, pero tras unas 8 horas fuera de “casa” con este calor y sin podernos duchar, es largo.

Eso sí, al llegar vemos que el sitio merece la pena. Está en un lugar privilegiado de la isla, en la que por un lado de las cabañas podemos disfrutar de la salida del sol y por otro de la puesta. Ya veréis las fotos :-).

Tras descansar y una ducha, a cenar y tomar algo en el bar jugando al Ciudadelas :-). Con wifi, además, para sentirnos un poco menos lejos de la gente.

Breve chaparrón, que supongo que serviría para controlar un pequeño incendio que se creó cerca de las cabañas y la temperatura, y a dormir dentro de la mosquitera.


martes, marzo 23, 2010

La última nota

Finalmente cambio de planes y comienzo la ronda de relatos con uno brevísimo que no era el que pensaba (que creo que es menos malo, así que mejor que no sea el primero).

La última nota

Una breve escena, apenas dos fotografías.

La luz del atardecer se vertía sobre el mármol del suelo a través de las grandes vidrieras. Tras los cristales, una bandada de pájaros escuchaba con atención. Lo que antaño fuese una biblioteca que, en respetuoso silencio, bullía de actividad, se había reconvertido a una sala de música.

En la antigua madera del mobiliario rebotaban las notas de su piano. La melodía había comenzado rabiosa, con fuerza, con Míriam vomitando sus entrañas a lo largo del comienzo de la pieza. Sin embargo, a medida que la fue desarrollando, la vida se apagaba con cada tecla. En algunos casos transcurrieron minutos entre nota y nota. La sangre había formado ya un charco bajo la butaca, resbalando desde las teclas, vertiéndose desde el desfiladero que era el piano.

Aquella obra maestra que nadie escucharía jamás fue la pieza más hermosa nunca compuesta.

Un cuervo rompió uno de los cristales y se posó sobre la mano inerte de la muchacha. Le arrancó la brillante piedra de su anillo y se fue por donde llegó. Al remontar el vuelo su ala golpeó en el piano, haciendo sonar la nota disonante que faltaba.

Viaje a Camboya: 100320 Ayutayah

100320 Ayutayah

Marta y yo nos fuimos sin Laura a Ayutayah, un pueblo a una hora y media en tren (80km, creo) de Bangkok, La hicimos prometer que no se meteria en jaleos (era de esperar que ese sábado fuese el “día grande” de la Marcha Roja) y nos fuimos. Taxi a la estacion (70 bahts de taxímetro, cuando nos pedían 200 negociando) y tren (20 baht) para allá. Cuarenta minutos de espera que aprovechamos para ir haciendo fotillos.

Cuando arrancamos atravesamos el campamento de la Marcha. Todos saludando como locos y posando para las fotos que hacíamos desde los vagones. Menuda fiesta se traen...

Llegamos y bajamos del tren a la próxima estación de ferry para atravesar el río. Allí nos encontramos con unos mallorquines mochileros, qué pequeño es el mundo.

Tras cruzar el río (4b), caminata de unos 20 miinutos bajo el sol para llegar a la zona donde comienza lo interesante. Ayutayah es famoso por las ruinas de los templos que se conservan, es un lugar bastante espectacular. La mayor parte son ruinas, pero mantiene buena parte de su encanto. La Lonely Planet recomienda evitar las horas de más sol, y fue justo en las que fuimos, así que os podéis hacer una idea del calor que pasamos (que se convirtió en el protagonista de la jornada, una pena).

Nos dio tiempo a visitar unos cinco templos, todos ruinosos menos uno que tenía un Buda de 16 metros de altura.

A la vuelta hicimos una ligera metedura de pata. En la estación todas las ventanillas estaban cerradas, y teníamos que comprar el billete para el siguiente tren a Bangkok, así que preguntamos en información. Nos dijeron, entre risillas, que esperásemos cinco minutos. No entendimos nada hasta que nos dimos la vuelta y vimos que toda la estación estaba de pie, cantando lo que parece el himno nacional, y mirándonos como bichos raros (normal). Al parecer las 6 son la hora del rey, y por todas partes suena el himno y se canta. El rey está por todas partes (fotos en los locales, coches, calles, monumentos...), hay auténtica veneración. No sé cuánta impuesta y cuánta real, pero voy a acabar soñando con este personaje de gafas. Por cierto, canonista (en unas cuantas fotos sale con lo que parece una 20D y un bonito L ;) ).

Al volver, los taxis no nos querían coger. Al decirles que íbamos a Kaosan decían que imposible, debido a la manifestación. Finalmente andamos un poco y nos recogió un tuk tuk. 100B, no barato, pero dadas las circunstancias, pagable. Nos moríamos por llegar a casa y darnos una ducha para quitarnos toda la tierra acumulada. Tras unos minutos de conducción temeraria en medio del tráfico (vídeo) nos topamos con la manifestación. A bajarse y acabar el camino andando.

Viaje a Camboya: 100319 Bangkok (III)

100319 Bangkok (III)

Tercera jornada en Bangkok. Nos hemos levantado a las 9 para indagar qué autobús nos llevaría a una zona de la ciudad que todavía desconocíamos. Hemos bajado pasando Chinatown y hemos andado hasta llegar a un barrio cuasi chabolista de gente que está al servicio de los monjes del monasterio de Golden Mountain (al que hemos ido después). Buena parte de esa gente se dedica a forjar unos cuencos metálicos destinados a las limosnas. Marta ha descubierto el maravilloso mundo de laas bolsas de refresco con hielo y pajita :-).

Después hemos subido al Golden Mountain. La construcción en sí dice bastante cutre, pero subes a la azotea y tienes una vista impresionante de la ciudad, aparte de un enorme ¿stepe? que espero que quede vistoso en HDR :-).

Caminando caminando hemos pasado por un templo chino, un espacio para múltiples religiones de dicha procedencia. Bastante curioso, era un poutpurrí de elementos sagrados, representación teatral incluída. Tenemos que buscar porqué no se puede pisar el umbral de las puertas.

Después hemos llegado al momento a la democracia, donde están congregados todos los partidarios de la oposición al gobierno actual. Se hacen llamar la “Marcha Roja”, y lo de “marcha” debe ser por la fiesta que se traen. Aquél campamento/feria/lo-que-sea se parece más a la party dance o a la marcha del orgullo gay que a una protesta por el restablecimiento de los valores democráticos. Eso sí, hemos hecho unas fotacas bastante interesantes a los manifestantes, que posaban gustosos.

Nota al margen: no ha habido ni una sola persona que se haya negado a que le hiciese una foto. No sólo eso, sino que habitualmente posaban y sonreían. Todavía no se han contaminado por la estupidez europea por la que parece pecado fotografiar a alguien.

Por la mañana, tras el templo chino, nos encontramos con u tailandés (aparentemente) muy amable que nos dijo que ese día era una importante celebración budista, y que iba a haber una gran fiesta en un templo en Chinatown, con fuegos artificiales y cientos de monjes. Por la noche, tras haber descansado mínimamente en el guesthouse, fuimos para alláa, pero fue imposible encontrar nadya. O el tipo nos había mentido, o no supimos encontrarlo. Paramos a un monje para preguntarle, y nos dijo que no sabía nada acerca de lo que le preguntabamos, y que ese día no era ninguna celebración especial, así que o nos habían timado o había habido algún problema de comunicación.

Actualización: Laura vio fuegos artificiales al día siguiente ¬¬. El buen tailandés se equivocó de día.

A volver a casa en taxi. Por cierto, si os montáis en un taxi, nunca negocieis el precio, decidle que ponga el taxímetro, y si se niega, buscad otro taxi. Es habitual que si coges un taxi en guirilandia (la zona de los guesthouses) te ofrezcan carreras por doscientos o trescientos bahts, precio infinitamente superior a lo que marcaría un taxímetro. Y los tuk tuk no son tan frescos como parecen. Mejor un taxi con aire acondicionado :).


lunes, marzo 22, 2010

Viaje a Camboya: 100318 Bangkok (II)

100318 Bangkok (II)

Hemos dormido como marmotas (que nos lo veníamos mereciendo). Unas diez horas, creo. Y hemos ido a un pueblo que está a unas dos horas y hemos dorrmido casi todo el viaje, ide y vuelta. Ahora son las 9 hora local y creo que ya nos hemos recuperado del viaje :-).

Hemos estado en un pueblo visitando un mercado flotante. Te montan en una canoa y recorres puestecillos a lo largo de canales en medio de un bosque tropical. Es de esas cosas que no se pueden ver sin perturbarlas (maldito principio de incertidumbre), por lo que al final es un lugar muy pintoresco pero que más de la mitad de los puestos son de souvenirs, por lo que te queda la sensación de que lo que has visitado sólo tiene ese fin. Históricamente su mercado era así, canales entre las casas y cultivos, y parece que sigue siendo su medio de transporte principal. Se nota la diferencia entre los puestos para locales (comida, principalmente) y para extranjeros (budas, sombreros, ropa...).

Por la tarde, ya de vuelta en Bangkok, un interesante templo (una pagoda, para ser exactos) con un buda monumental, grande como una cancha de baloncesto (ya veréis las fotos). También hemos podido asistir a las oraciones de unos monjes (a uno le sonó el móvil durante las oraciones ^_^).

A la vuelta, paseo entre tiendas y al hotel. Nos han echado de muy malas maneras (“¡¡¡Get out of here!!!”) de una tienda por intentar regatear unas imitaciones de Threadless, que están por todas partes. Es la leche, a veces toca tragar que te digan un precio 10 veces superior al real (verídico) y tú pruebas a bajar a un tercio y se enfadan...

Ahora estoy esperando mi turno para la ducha. Ya veremos qué hacemos luego...

Finalmente estuvimos recorriendo las calles para guris que hay en la zona de guesthouses: puestos de ropa, bares, comida y espectáculos sexuales variopintos (no me dejaron investigar más al respecto, gajes de ir con la novia y su hermana). Nos tomamos unas cervezas y nos dio la una y media.

Nota al margen: la cerveza es “cara”, siendo “cara” entre uno y dos euros el botellín. Hay que tener en cuenta que un plato de noddles, la comida thai por excelencia, es más o menos medio euro, así que es cara, a pesar de no ser importada. Tampoco le encuentro mayor explicación. Mi teoría es que es ese tipo de productos de “demanda inelástica” :). Lo que no sé es quién se lleva el pico, si el vendedor o el gobierno con impuestos.

domingo, marzo 21, 2010

Viaje a Camboya: 100316: Llegada a Bangkok

Nota: cuando tenga conexión subiré un nuevo "capítulo" del diario. La de hoy (domingo) corresponde con lo que escribí el primer día, el martes-miércoles 16-17.

100316 (I) Valladolid Madrid Bangkok (I)

A las 6 cogíamos el autobús hacia Madrid. No recuerdo un viaje tan complicado en el que los horarios encajasen tan a la perfección. Llegábamos hacia las 9 a Barajas, T4, bus a la T2 y directos a la cola de embarque. Inevitable pero corta espera, control de seguridad, control de pasaportes, almuerzo (más de 6 horas sin probar bocado pasan factura) y al avión.

Volamos con Thai, en un bigardo de dos pisos, amplio. Mínima espera y nada más despegar, almuerzo de cacahuetes y vino tailandés (muy afrutado para mi gusto, pero se dejaba beber). Las azafatas arriba y abajo sin parar, y a continuación la comida. Incluso dos platos (calientes) a elegir. Un diez. Bueno, un nueve, que están poniendo Crepúsculo en el proyector que tenemos justo delante...

Y ahora, antes de la siesta, escribiendo (vía Eee 901, que me acompañará durante todo el viaje) esta breve entrada que supongo acabará tarde o temprano en el blog. Aroah ('We Can't Be Friends', qué gran canción, tenéis que escucharla, adjunto parte de la letra) en los cascos. Unas nueve horas de vuelo por delante, tiempo para escribir y para soñar. Marta ya lo está haciendo en mi hombro, y yo no tardaré, ya sea despierto o dormido.


We can talk about it

We can laugh about it

We can cry about it

Alone

(...)

We could be together

We could be each other

(...)

But why am I so pleased with the way things are?

(...)

I my dreams I had you

In my mind I don't

In my heart I keep you

But in my life I won't

And that's why I know that we cannot be friends

I end up trapped in lies and breaking up my plans

...

[I] become the type of girl I hate and I don't know what for...

So no, we cannot be friends any more...


  • Aroah, 'We Can't Be Friends'


100316 (II) Valladolid Madrid Bangkok (I)

Son las 6:55pm hora española, 12:56am hora de Bangkog, y como quedan unas 4 horas de viaje supongo que serán aproximadamente las 10:56am de lo que quiera que estemos sobrevolando en este momento. Las azafatas tailandesas, de edad indeterminada y sonrisa perenne, acaban de traer la ¿cena?, un sandwich doble y un zumito :). Llevo medio durrmiendo desde que escribí el último fragmento, pero esta claro que escribir no es una actividad que propicie el sueño. El iPhone está haciendo de sanguijuela del Eee una vez más mientras suenan The Wave Pictures.


I wake up with the thunder of your typewriter every night.


  • The Wave Pictures, 'Just like a drummer'


Estoy en modo escritura compulsiva, y me gusta. En otro documento del Writer (del StarOffice del Xandros con el que me conformo) tengo cinco folios con sendas historietas. Apenas dos párrafos si llega, ejercicios símplemente. Me gusta escribir, pero hacía años que no lo hacía. Siempre volvía de las vacaciones con el propósito de retomarlo. Pero mucho mejor hacerlo a la ida :). Si quieres hacer algo, nunca esperes a las vueltas.

En el sexto folio ha llegado una idea que me gusta, Ñoña y típica, supongo, pero me gusta, Y al final de la hoja hay una decisión que tomar. ¿Final feliz o final triste? Ambos, conociéndome...


100316-17 (III) Bangkok (I)

Aterrizamos con media hora de adelanto, cogemos las maletas (que empiezan a salir antes de que lleguemos nosotros) y nos ponemos a buscar taxi para ir al punto de encuentro. Tras una negociación que acaba con un coductor indignado y nosotros bajando del vehículo y sacando los bultos del maletero encontramos una alternativa ligeramente más barata y ligeramente mejor. Esto de tener que regatear todo es un horror, nunca sabes cuándo te timan y nunca sabes cuándo lo que pides es absurdo. Supongo que si llevas varios días en un sitio eres capaz de saber cuánto debes pagar, pero hasta entonces...

Llegamos al punto de encuentro y desayunamos. El ·guest house”, algo así como un alberguue juvenil, no está mal. Muy limpio y tenemos baño con ducha propio.

El clima, sofocante. Ha caído una chaparrada, pero lo más notable es el calor. Más de treinta grados todo el día, y eso que no ha sido especialmente soleado.

Los tailandeses son en general majetes. Como todo, los hay únicamente interesados y/o bordes, pero con casi todo el mundo muy bien, a pesar de entendernos malamente (igual ese es el secreto).

Hemos estado viendo el Palacio Real (entre otras cosas). Llegar es una odisea cuando todo el mundo te intenta convencer para subirte a su medio de transporte (el mejor y más barato siempre), pero allí hemos estado unas cuantas horas pateando. Budas por todas partes (a destacar el “Buda Esmeralda”, que realmente es de jade).

Ahora, a tomar algo choriceando una conexión a Internet, cenar y a dormir, que estamos molidos.


Voy subiendo alguna fotico con el móvil en mi cuenta de Tumblr: . Las fotos menos malas tendrán que esperar a la vuelta.


Saludos a todos :-)


lunes, marzo 15, 2010

Good morning, Asia

Hemos quedado con la hermana de Marta. Eso no tendría nada de raro si no fuese porque en la sugerencia para encontrarnos figuran las palabras "Takosan" o "Hualamphong", y que el taxi lo pagaremos en bahts. Y que estaremos 12 horas encerrados en un asiento clase turista para llegar, claro.
Llegaremos a Bangkok, y tras cuatro días en allí, dos en Ko Chang y dos en Koh Kong iremos a Kampot, en Camboya, donde reside. A partir de entonces, lo que buenamente apetezca. Sé que visitaremos Vietnam, y poco más.


Ver Camboya - ruta en un mapa más grande

Volvemos el 8 de abril, justo para el concierto de SFDK. Tres semanas y dos días lejos de occidente, del trabajo y de las preocupaciones. Mientras, tiempo para hacer fotos, escribir, descansar...

Probablemente me conectaré de tiempo en tiempo para dar señales de vida y un poco de envidia de paso :).

martes, marzo 09, 2010

Luis Ramiro + Marwan vs. Zahara


Como ya sabrás si estás aquí, últimamente mi vida se ve determinada en buena medida por los conciertos a los que asisto, colaborando con Valladolindies y Notedetengas, normalmente en calidad de fotógrafo, aunque también redactando algún articulillo.
No gano un duro con esto. Diría que me ahorro algo por las acreditaciones, pero ni eso, esta semana iré a cuatro conciertos y probablemente la inversión en cerveza compense la entrada :). El único retorno de inversión son las visitas a las galerías (pobre consuelo, supongo).
A modo de curiosidad adjunto al gráfica de los últimos días. El primer pico corresponde con las fotos del último concierto de Zahara en Valladolid. El segundo, con el de Luis Ramiro y Marwan en Madrid.
A primera vista la conclusión estaba clara: l@s fans de Luis Ramiro y Marwan son más activas que las de Zahara. Pero esto es una falacia. Las magnitudes de los conciertos eran totalmente diferentes. Además, está claro que el perfil de los seguidores de Z es más internauta, amén de que ella misma vía su cuenta de Twitter me hizo una encomiable propaganda :-), era imposible que perdiese.
Moraleja: ojo con las estadísticas, se les hace decir lo que quieras.
Corolario: gracias a los tres (Z, LR y M) por tan intensos conciertos :-). Espero que os gusten las fotos.

domingo, marzo 07, 2010

El segundo café de la mañana

Con el primer café me despierto,
dejando atrás la noche y sus encantos.

Con el segundo café de la mañana
acallo los sueños que siguen rondándome
a pesar de que el sol ya ha salido.

Con el tercero...
... con el tercero estaré vacío.

miércoles, marzo 03, 2010

Conciertos de febrero 2010

Febrero ha sido un mes musicalmente intenso. Allá vamos.
Faltan algunas crónicas y vídeos, las iré actualizando a medida que se vayan cerrando. A falta de los vídeos del concierto de Luis Ramiro y Marwan, que merecerán un artículo propio, os dejo con uno de Little Toys con Marga, una amiga, durante los ensayos.