lunes, marzo 29, 2010

Nuestra canción

Nuestra canción

El bar está casi vacío mientras el guitarrista da una lección de virtuosismo en el último bis. En primera y última fila, una lágrima resbala de sus ojos azules a su blusa. La melodía le recuerda a su padre, a sus juegos de niña, sus lecciones de adulto, a su funeral. Las cuerdas viajan de una alegre infancia a una frenética adolescencia de amores y desengaños, como todas. En las últimas notas el ritmo muere, en lo que parece un llanto que ella acompaña en silencio. El la ha visto, y al acabar la canción no aparta su mirada de la de ella mientras le aplaude. Después la invitará a una copa, y charlarán, y la contará que compuso la canción pensando en su madre, que ya no está con ellos. Que le compró su primera guitarra y le dio su último aplauso. E irán a su hotel, y harán el amor una primera y última vez, y esa noche serán un poco más felices.

En la discoteca de al lado, la misma música machacona de siempre, generada con los mismos samples, bajo el sello de los mismos productores, hace que cientos de personas muevan el culo al ritmo de siempre. En la barra, cinco chicos cortejan a otras tantas. Algunos acabarán esa noche juntos en el coche, y alguno se casará, y tendrán hijos, y recordarán esa canción como suya. Y morirán un poco más cada vez que la pongan en el salón, mientras ven la televisión, y no sabrán decir porqué.