jueves, marzo 25, 2010

Olor amargo

Olor amargo

Otra breve escena, de nuevo citando a Aroah, pero esta vez en la postdata.

Me levanté con un terrible dolor en las piernas, como si hubiese caminado el día anterior a lo largo de toda la ciudad. No era lo único que me dolía. Algo en la cabeza me martilleaba como si me hubiese bebido también todas las botellas que se me hubiesen cruzado en mi camino.

Encendí la luz de la mesilla de noche. El suelo del dormitorio estaba lleno de ropa, no sólo mía. Bajo mis pantalones asomaba una falda. Bajo mis calzoncillos, un sujetador. La habitación olía a humo y perfume, a sexo y sudor. Y a algo más... ¿Cómo decirlo? ¿Amargo?

Desde el baño llegó el sonido de una ducha encendiéndose.

¿Qué hice anoche?

Recuerdo hablar contigo en un bar. Recuerdo besarnos y recuerdo que discutimos. Recuerdo, vagamente, separarnos y seguir bebiendo. Me veo, después, corriendo hacia otro bar, y después a tu casa. Me recuerdo corriendo varias veces más, y me recuerdo también bebiendo. Supongo que por eso duelen hoy los recuerdos. Aunque, por otra parte, los domingos casi todos los recuerdos duelen.

La ducha se cerró. Fui al baño, pero no te encontré. El lugar de tu melena morena era ocupado por una coleta rubia, y en lugar de tus ojos marrones, unos ojos verdes que me miraron, me abrazaron y me besaron. En esos ojos verdes no era yo el que me reflejaba, ni ella en los míos. Los dos lo sabíamos.

En ese momento reconocí re olor amargo del dormitorio, el olor a desengaño y desamor.

En el movil, un mensaje entrante de “No quiero volver a verte”. Uno saliente de “No te necesito”.

Y en la cama, dos personas que se han despertado con quien no esperaban.


El día después de un despecho

dejaré de fingir que sé lo que estoy haciendo.

Ya sé que llorar no sirve para nada.

- Aroah, “El día después”