jueves, abril 15, 2010

Juegos


Juegos, originalmente cargada por juanignaciosl.

Dados marcados,
del uno al dos contra seises cargados,
pero juego,
porque no sé decir que no a una buena partida,
porque no sé vivir sin reto,
porque sueño con tu sonrisa,
porque por tus palabras muero.

Partida perdida,
sabido antes de extender el tablero,
pero muevo,
porque no puedo no entrar a tu laberinto,
porque no puedo renunciar a un sueño,
porque a tu piel me he vuelto adicto,
porque me pierdo por un beso.

Cartas marcadas,
trampas de las que he sido testigo,
pero pido,
porque cualquier posibilidad es suficiente,
porque mejor que nada es hablar contigo,
porque alejarme me duele,
porque en cada noche de dolor...
escribo.

miércoles, abril 14, 2010

100407 Kampong Cham (III)

100407 Kampong Cham (III)

Este fue el último día de vacaciones aprovechado. Por la mañana visitamos el puente de bambú, una estructura que reconstruyen todos los años (la estación húmeda la destruye) para llegar a una isla del río. La guía indica que se puede recorrer en bici, pero por allí pasan motos, carros ¡e incluso coches! Una locura. Un tipo que organizaba los trabajos alí aprochechó para timarnos (cobrándonos un dólar como impuesto de tránsito, cuando debería (si lo debiese, ya que no lo llegamos a cruzar) ser 1500 rieles. Toda Camboya es asi, hay que andarse con un ojo...


Y el resto, historia. Autobús hasta Phnom Penh, y al día siguiente, al aeropuerto. Entre medias, alguna compra, cafés, batidos de mango, té con limón y alguna compra.


Hasta aquí, el viaje de mi vida. Es cierto que ni tres semanas son tanto tiempo ni Asia está tan lejos, pero serán unos días para no olvidar jamás.


Fotos del viaje: http://www.flickr.com/photos/juanignaciosl/tags/camboya1003/.

martes, abril 13, 2010

100406 Kampong Cham (II)

100406 Kampong Cham (II)

El segundo día fue el intenso de verdad. Comenzamos la mañana desayunando y negociando dos motos para hacer una ruta por nuestra cuenta (tras rechazar creo que unos cuautro o cinco intentos de guiado). Partieron de 7, acabamos con 5 (dólares por moto), y menos que deberíamos haber pagado a la vista de cómo estaba una de ellas. Ni indicaba la marcha en la que estabas, para subir la marcha había que golpear el pedal, apenas frentaba.. A eso suma el estándar habitual de cuenta kilómetros e indicador de depósisto rotos (creo que lo hacen adrede), retrovisores parcial o totalmente inservibles (una tenía montado en el lado izquierdo un retrovisor derecho, por lo que iba en vertical y no se veía nada, la otra tenía el derecho caído....). Una calamidad, pero bueno.

La ruta consistía en recorrer caminos de tierra (y excepcionalmente algún tramo de carretera) a través de la selva, hasta llegar a un pueblecillo de tejedoras, aunque más que el destino, lo importante hoy sería el camino. Optamos por ir por nuestra cuenta, sin guía, para hacerlo a nuestro aire.

Lo que aquí escriba va a resultar bastante pobre, es difícil de expresar la sensación de recorrer Camboya así. Una vez nos paramos a ver cómo habían tendido mazorcas de maíz a secar, y se acercó medio pueblo mirándonos como extraterrestres, no es un lugar precisamente frecuentado por extranjeros.

Más adelante nos detuvimos en un templo, y el monje nos invitó a subir a su casa, y a fruta y dulces. Estaba estudiando inglés, excusa que aprovechó para intentar ligar con Laura xD.

Cuando llegamos al pueblo de las tejedoras paramos en dos, y nos explicaron cómo trabajaban, y las chicas incluso utilizaron el telar :-).

En resumen, toda una experiencia. Acabamos en el faro de los franceses, junto al río.

lunes, abril 12, 2010

100405 Kampong Cham (I)

100405 Kampong Cham (I)

Hemos pasado dos noches en Kampong Cham, días intensos de no parar, y lejos de wifi (aunque hemos hecho dos incursiones a un cyber), así que ni he escrito ni he actualizado nada.

Kampong Cham es un pueblo-ciudad algo más grande que Kampot, pero con bastante más apariencia de ciudad que ésta. Está atravesada por dos ríos, el XXX y el XXX. Recientemente se ha construido un puente que atraviesa este último, lo cual ha reavivado su actividad comercial. Por lo demás, una ciudad camboyana: mercado, puestos callejeros y motos (aunque con un tráfico lejos de la locura de la capital).

No es un destino turístico habitual, aunque hay dos o tres bares para extranjeros y unas cuantas guest houses. En general todo el mundo (especialmente los niños) se nos quedaba mirando constantemente, a menudo riéndose con/de nosotros. Al respecto de esto, durante todo el viaje nos hemos encontrado con esta actitud de curiosidad hacia nosotros (algo menos en las zonas turísticas, donde la actitud era de descarado interés), pero en general la percepción de la misma era positiva. Siempre habíamos notado que “caes simpático” por ser occidental/extranjero, y se ve intención de ayudarnos. Sin embargo, aquí, por primera vez, hemos notado unas cuantas personas (casos aislados, pero más de lo normal) que nos miraban mal, literalmente. En un bar (de un inglés) había un mapa de los bombardeos de Estados Unidos en la zona, y ésta estaba en rojo, igual se ha heredado una cierta animaversión por los extranjeros por esto.

El primer día llegamos a la hora de comer. Las chicas eligieron la guest house tras descartar la primera. Yo no ví ninguna, pero no quiero ni pensar cómo era la primera si se conformaron con la segunda, con arañas y un baño tirando a pobre, entre otras cosas. Pero bueno, sólo iban a ser dos noches allí. Al menos teníamos vistas al río.

Comimos en un chino frecuentado por camboyanos, y una de las “camareras jefe” (no sé cómo llamar a una de las que atienden y mandan al resto) se mostró muy simpática... hasta que le dijimos que no, que no queríamos Becks. Angkor Wat es la cerveza nacional, y está razonalemente bien (estilo Mahou), no, no quiero pagar el triple por una cerveza para acompañar la comida, señora.

Por la tarde, paseo para ver el pueblo bajo la atenta mirada de los locales. Una de las muchas cosas curiosas de este viaje son los puestos de dulces. Paramos en uno que tenía “sopas dulces” (por llamarlo de una manera). Las hay con gelatina, lentejas, guisantes.., en general todo aderezado después con almíbar y/o leche de coco. Yo cogí una negra (tanto el líquido como los trozos que flotaban en él) que resultó ser gelatina de té. Un poco empalagoso, pero bueno. Eso sí, mala combinación con el café. Acabamos la tarde viendo el mercado y dimos otra vuelta más, para comprobar que no era muy grande. Después, cena (si alguna vez os ponen un plato con dos bolsas de noodles instantáneos no os comáis todo), paseo para intentar hacer la digestión, y a la cama, que el día siguiente sería intenso.

domingo, abril 11, 2010

100404 Camino a Kampong Cham: especial “cómo vive la gente”

100404 Camino a Kampong Cham: especial “cómo vive la gente”

Hemos visitado los puntos obligatorios, pero no nos hemos ceñido a circuitos turísticos, así que hemos podido ver un poco lo que hay en el país. De hecho, si vamos a Kompong Cham es, entre otras cosas, porque no es un lugar especialmente turístico.

De todas formas, esto es un resumen incompleto, incorrecto y sesgado. Si te interesa el tema te recomiendo los siguientes blogs sobre Camboya y Asia:

miradasdeinternacional.wordpress.com

www.elmundodesencajado.es


Gente que vive muy bien

  • Como en todos los lugares, hay ricos, y Camboya, uno de los paises con más corrupción del mundo (sospechosamente, el país con mayor número de ministerios), no es una excepción. Eso sí, aquí no hay petróleo ni abundan las fuentes de grandes ingresos, así que son una minoría. No nos hemos cruzado con nadie, de todas formas, aunque sí hemos visto sus casas.

  • Expatriados (inmigrante con dinero). La vida aquí es muy barata, así que es relativamente fácil establecerte, traer tu dinero occidental y montarte un negociete. Te será fácil encontrar una camboyana mona que se quiera arrejuntar a tí, además. Perdón por el tono, pero es tal cual. Hay un número suficiente de extranjeros (turistas y trabajadores, especialmente franceses y japoneses) como para alimentar este tipo de mercado ajeno al cliente local. También hay bastantes trabajadores extranjeros aquí. Como los jemeres rojos exterminaron a todos los profesionales cualificados, el déficit de estos en el país es altísimo (lo cual es un grave hándicap para el país, quizá uno de los mayores y más difícilmente solucionables). De esta categoría hemos visto muchos. Hemos convivido con trabajadores franceses que están reconstruyendo la única vía de ferrocarril del país, y todos son del mismo perfil: ingenieros jóvenes (25-30 años) franceses. En los bares para extranjeros hay más variedad (alemanes, americanos...).

  • Clase media. Como aquí la vida es tan barata, ser clase media es casi ser rico. Al lado nuestro en el autobús tenemos un chaval que estudia medicina, con diccionario electrónico e iPhone, por ejemplo.


Gente que vive razonablemente bien

  • Tener trabajo aquí asegura un nivel de vida bueno fácilmente. Ojo, “razonablemente bien” en Camboya no es el “razonablemente bien” europeo, no nos engañemos. Lo que quiero decir es que, para lo que viene siendo la situación del país, tienen las necesidades básicas bien cubiertas. No parece que abunde una clase media acomodada, pero lo habitual es encontrarse gente bien vestida, que va chapurreando inglés, con una fuente de ingresos propia (hay mucho negocio pequeño). Sin ser experto ni economista, creo que este el el grupo más grande. Es fácil encontrar bares en los que los hombres se pasan una buena parte del día haciendo esencialmente nada. El comentario de los que sí saben es que, para que os hagáis una idea, están como España hace 25 o 30 años. Bien mirado, acaban (hace 10 años) de salir de una guerra civil de más de 30... En las ciudades cualquier casa tiene electricidad y agua corriente, así que al menos eso está cubierto. En la concentraciones campesinas el problema es mayor.


A modo de curiosidad, aquí se le da muchísima importancia al dinero, en una forma más ¿intensa? Y ¿retorcida? que en occidente (si es eso posible). Literalmente, la tercera pregunta (tras el nombre y e estado civil) que se hacen al conocerse es “¿cuánto ganas?”.


Vida modesta

  • Campesinos. Hay una mayor concentración en las ciudades, pero hay mucho pequeño núcleo aislado en los campos, y estas agrupaciones carecen de muchos servicios fundamentales. Si para un camboyano es prohibitivo conseguir una ambulancia en Phnom Penh, imaginad lo que puede ser conseguirla en el campo. Con frecuencia tampoco tienen agua corriente o electricidad (aunque hay de todo). En los trayectos de autobús o con moto se ve este tipo de vida. Hay de todo, desde casas que podrían pasar por chalets europeos a chabolas de madera y uralita, así que este grupo es más heterogéneo del lo que el punto sugiere. De todas formas, en general hablamos de gente que no pasa hambre pero cuya vida podría mejorar en muchos aspectos: sanidad, transporte, educación... Y, como siempre, los trabajos del campo son duros (la mecanización aquí es casi inexistente).

  • Monjes: hay muchos. El budismo, mayoritario, dice que debes serlo al menos un tiempo en tu vida para poder alcanzar la salvación, así que al menos una semana se “alistan”. Por otra parte, es una forma de garantizar tener una educación, techo y comida. Igual que en la posguerra española en los conventos había gente que estaba allí porque la familia no le podía mantener, aquí pasa algo semejante. Viven sin grandes lujos, pero tampoco parece faltarles de nada (material).

  • Jóvenes que compaginan trabajos (habitualmente con su familia) con estudios.


Gente que vive mal

  • Hay mucha mendicidad. No he estado en la India, pero, comparativamente, por lo que tengo entendido, no se llega a ese nivel. El sistema de castas se abolió hace mucho, así que, al menos en teoría, no hay esa división tan clara, aunque hay mucha gente que lo pasa realmente mal. Abundan los que tienen que dormir en la calle, vender a precios mínimos, o, simplemente, pedir. Tampoco es lo mismo tener tu puesto en un mercado que andar acarreando bolsas de mango que revender en los autobuses.

  • Muchos niños, que deberían estar estudiando o jugando, son fuente de ingresos para sus padres. Ya sea trabajando en sus puestos de comida o en los mercados (lo cual no es tan grave) o vendiendo o pidiendo en la calle (mucho peor), en buena medida se les priva de la infancia porque la familia los ve como algo necesario para traer comida a casa. Cuando, en Angkor, estuve fotografiandoles jugando y después, al irles a comprar algo, se nos tiraban todos encima, se me cayó el alma a los pies.

  • La mujer, en general, vive peor que el hombre. Como minimo, está muy generalizado que son las que deben trabajar, y son mayoría en el mercado o trabajando en los bares, y están peor consideradas. Mi percepción particular es que es más cultural que explotación propiamente, pero no sé si esto es consuelo. Parece que entre los más jóvenes esto no está tan polarizado, así que irá mejorando.


Gente que vive realmente mal

El apartado anterior ya es indeseable, pero hay algunos casos especialmente duros, que merece la pena destacar aparte.

  • Niños de la calle, que ni tienen familia. En Phnom Penh, ya según entramos con el autobús, vimos algunos andando desnudos por la calle. Al parecer son niños que incluso rechazan la ayuda de ONGs, y a menudo son explotados por proxetas que les dan pegamento (a lo que antes les han hecho adictos) a cambio de lo que recogen mendigando). En Kampong Cham nos cruzamos con una boda, y en la puerta se amontonaban unos ocho niños en esta situación, con bolsas en las manos para esnifar.

  • Mujeres víctimas de ataques de ácido. Esta es una práctica con la que no veo semejanza con ninguna otra occidental. Habitualmente debido a problemas personales (infidelidades, celos, deudas...) se produce que alguien ataca a otra persona rociándole con ácido, deformándole para siempre. Por si el daño físico no fuese suficiente, esto suele provocar un rechazo de la sociedad, lo cual hace que casi el único contacto que les queda es con los extranjeros.

  • Discapacitados en general. En un país sin seguridad social ni una medicina accesible, las consecuencias de un accidente pueden ser rmucho más graves. A esto hay que sumarles las víctimas de las minas antipersona (que siguen por los campos del país, causando nuevas víctimas año a año). La salida de estas personas suele ser la mendicidad, aunque puedes encontrar numerosas asociaciones o restaurantes y bares que colaboran con ellos.

Conciertos de marzo 2010

Como ya sabéis a mediados de marzo me fui de megavacaciones por Asia (Tailandia y Camboya), contadas en un diario de viaje, pero aún así las dos primeras semanas dieron bastante de sí musicalmente. En esas fechas comenzaba el fantástico Valladolindie 2010 que cubrí para Notedetengas, en lo que fue una semana de locura (trabajar - concierto - revelar las fotos - dormir - trabajar ...).
A petición de un amiguete, añado otras cosas interesantes que he publicado este mes:

sábado, abril 10, 2010

Las Espinas Están Por Algo


Las Espinas Están Por Algo, originalmente cargada por juanignaciosl.

El muro se resquebrajaba
pero era hermoso
y su historia, digna de recordar
así que procedieron a su limpieza.

La parte superior estaba coronada por alambre de espino
y los obreros no podían trabajar,
así que procedieron a retirarlas.
El problema vino cuando, al quitarlas,
el muro, resquebrajado pero hermoso, cedió.

Y es que, amigo,
a veces ocurre que hay cosas que nos duelen,
pero que están ahí por algo.

100404 Camino a Kampong Cham: especial “comida y bebida en Camboya”

100404 Camino a Kampong Cham: especial “comida y bebida en Camboya”

Al comer tienes varias opciones. Como ya hemos comentado, un porcentaje muy importante de camboyanos come rutinariamente en la calle, lo que hace que encontrar un puesto callejero con comida sea tan fácil como levantar la cabeza. Entenderse puede ser más complicado (nosotros íbamos con Laura y Baptiste, que chapurrean camboyano con soltura, así que no hay problema), pero como la variedad en estos puestos no es muy grande apostaría a que con señalar vale. En general todos estos puestos son de arroz y/o noddles, fritos o en sopa, y pudiendo elegir entre dos o tres acompañamientos: seafood (gambas, sepia...), verdura, pollo o ternera, normalmente. Estos platos suelen costar alrededor del dólar. También puedes encontrar brochetas de casi todo, pero la alimentación básica, aparte de lo ya comentado, se completa con curry y pescado. En mi opinión merecen la pena. A no ser que seas muy especialito, todo lo que comen está bueno, y no encontrarás nada especialmente desagradable (a no ser que lo busques, que hay de todo).

Si eres un poco más sibarita o te has cansado ya de la comida local, puedes encontrar con bastante facilidad (normalmente dependiendo de la parte de la ciudad en la que te encuentres) restaurantes para turistas y expatriados, en los que tendrás las mismas especialidades khmer en un ambiente más pijo, dos o tres dólares más caras (eso es un x3 o x4, claro), y comida occidental convencional. La inmensa mayoría están regentados por extranjeros que se han montado un negocio aquí por el buen nivel de vida que consiguen fácilmente y/o por haber venido a esta zona en busca de una prometida más dócil que lo que encuentran en sus paises (espero que nadie encuentre esto ofensivo, pero la proporción de cuarentón en adelante con asiática joven del brazo es bastante importante). Estos restaurantes son relativamente baratos para nosotros (mitad de precio de lo que encontrarías en Europa, más o menos), y prohibitivos para ellos, aunque muchos tienen el aliciente de tener wifi para poderte comunicar con familia y amigos (si quieres).

En los puestos callejeros también puedes encontrar abundante, variada y barata fruta, que de paso te refrescará un poco (si no vienes en estación húmeda, el calor es demencial).


Para beber, recomendación similar. El agua del grifo está totalmente prohibida para beber, ni te lo plantees. Por la calle puedes encontrar botellas de agua a 1000 rieles, refrescos entre 1000 y 2000, y varias bebidas en hielo. El café con leche condensada con hielo es bastante habitual y bueno. La “estrella”, sin embargo, es el jugo de caña de azúcar. Barato (poco más que el agua), fresco y dulce (sin ser empalagoso). Verás muchos puestos con una máquina que sirve para prensar la caña y sacar el liquido. Cuando te canses de él, será fácil encontrar también té con limon y zumos. En sitios para extranjeros tienes más variedad, con batidos y derivados del yogur líquido, y muy buenos zumos (mango especialmente recomendado).

Nota adicional: en Camboya las vacas no dan leche, así que hacen que ésta sea muy cara (más de un dólar el tetra brick), siendo casi toda de importación (australiana, principalmente). Esto, aparte de la obvia y grave carencia alimenticia para los de aquí, te encarece los batidos que tienen leche y hace que abunden los cafés de leche condensada. Éstos (y su versión con hielos) en puestos y bares locales también son especialmente recomendables.


Hace calor, así que verás hielo por todas partes. Al contrario de la recomendación habitual en otros países (africanos, por ejemplo), aquí no es un problema. Preparan grandes bloques con agua purificada, no los hacen con el agua del grifo (prohibida totalmente para beber), así que son de total confianza. Es curioso ver cómo los transportan en camionetas y motos, de hecho, y cómo los cortan con sierras. Abundan también unas máquinas para trocear el hielo, que tienen una pinta metálica (como una máquina de coser hueca).

Gritando en silencio

Gritando en silencio

Si sigo gritando en silencio
Llenaré las paredes del dormitorio
De errores y pasiones
Rutinas, diferencias, muertes
Sueños, deseos, dolores

Peón, pelele, perdedor
Bájate ya del tablero
Las piezas de este juego
Acabaron ya hace tiempo
Y se apolillan en el cajón

Manicomios, infiernos, soledades
Donde estoy, lo que merezco, donde voy
Ni palabras afiladas ni caricias dedicadas
Mi pólvora está mojada
Armas inútiles que abandonar en el rincón

viernes, abril 09, 2010

Verdugo

Verdugo

El “click” del maletín de las herramientas pone el punto final del ritual semanal. Los instrumentos están limpios y listos para la siguiente, colocados meticulosamente en sus compartimentos.. Bisturí, escalpelo, sierra... Todos brillantes tras el purificador baño en lejía.

Cuando sube las escaleras del trastero y apaga las luces, la esterilizada mesa de operaciones proyecta una temblorosa sombra sobre el juego de correas de cuero. Sólo el fuego de la incineradora ilumina la estancia. Dentro, tras la puerta metálica, entre las llamas, la figura comienza a dejar de intuirse humana, para volver a las cenizas de las que salió. Hace unas horas habría suplicado por adelantar este momento y terminar el sufrimiento. Ahora, vacío, nada. No hay salvación, no hay reino de los cielos, no hay nirvana. Lo que ese hombre fue una vez, acabó en la mesa, entre monstruosos gritos de sufrimiento, sangre y miembros parcialmente amputados.

En el extremo romo del bisturí, un ser que una vez fue humano. O que no lo fue nunca, pero que un tiempo estuvo latente bajo una máscara de persona convencional, sumergida en la habitual mediocridad que nos rodea, para después erigirse como punto y final de ésta.

En el afilado, él, que, juzgado por su verdugo, fue condenado a la tortura y el martirio en la mesa, pena de muerte por múltiples cargos imperdonables. Dejar pasar la vida como quien ve pasar un tren. Desplazarse en la inercia del mundo que le rodeaba. No disfrutar de un atardecer, ni de una copa de vino, ni del cuerpo de una mujer. Sólo ser, sólo existir. Vagar, no vivir. Estar, no sentir.


La semana que viene...



...podrías ser tú.

100404 Camino a Kampong Cham: especial ocio khmer

100404 Camino a Kampong Cham: especial ocio khmer

Las personas, en cuanto conseguimos cubrir lo muy elemental (y a veces incluso antes), queremos ocio. Una de las cosas en las que nos venimos fijando desde que hemos llegado es en qué invierten el tiempo libre los camboyanos. Aquí no hay equisboxes y playestations tres, pero es habitual ver a la gente jugando y pasando el rato en otras cosas que no sean trabajar o esquivar motos. A continuación, una recopilación.

Quizá lo principal es el billar. No encontrarás un bar con una máquina electrónica, pero las mesas de billar son el pan nuestro. Hacía años que no jugaba así que no soy rival para nadie aquí (bueno, gané a un yanki), y es que hay mesas por todas partes. Yo he jugado sólo en bares de expatriados, pero es deporte nacional. Hemos visto billares en mercados en medio del campo, en casas de campesinos... En un bar jugamos con unos que bien podían ser de la rara clase media/alta de aquí, y me pasaron por encima (educadamente, eso sí). Suele haber una pizarra en la que apuntas tu nombre para jugar contra el que haya ganado la partida anterior (no hemos visto ninguno de monedas, todos son gratis). Como probablemente no puedas comunicarte con tu contrincante, que sepas que tres golpes en el lateral de la mesa significan “buen golpe” :-). Lo más complejo será acordar las reglas, porque cada bar tiene las suyas. Es bastante habitual encontrarse que tras una falta el otro puede coger la blanca y colocarla donde quiera, aunque sólo tiene un golpe (no dos como habitualmente). De todas formas a base de gestos te apañas bien.

Hay una variedad que desconocía, el billar a 9. No he jugado, pero suena divertida. La disposición inicial es en rombo en lugar de triángulo. El objetivo es meter la de mayor número (9), y la regla fundamental es que, con la blanca, la primera bola que debes tocar de la mesa es la de menor valor.

En un mercado nos encontramos un grupo jugando a la petanca (a saber cómo lo llaman aquí). Exactamente igual que nosotros.

Siguiéndole muy de cerca, tras el billar nos encontramos el karaoke. Incluso nos hemos traído un VCD para demostrarlo =D. Cualquier tienda tiene cientos (literalmente) de vídeos de karaoke (piratas, por supuesto), hay un canal de televisión dedicado, y hasta en los autobuses lo ponen. Es muy fácil encontrarse con que estás comiendo en uno de los puestos a ras de suelo y los chavales (y no tan chavales) están cantando detrás. O en bodas... En serio, está por todas partes. Y no, no cantan especialmente bien. Si Sony cuela una versión a bajo coste de la PS2 (creo que lo hace en otros países, especialmente sudamericanos), se hincha a vender micros de Singstar. Apostaría a que no lo ha hecho por la altísima tasa de piratería.

En un mercado encontramos unas cosas que no sabíamos para qué servían. Eran huesos de una fruta, y la apariencia era de canto rodado, bastante planos, como de madera pero más ligeros, de tamaño como la palma de una mano. Marta y Laura se encontraron una noche con unos niños jugando con ellos a algo así como los bolos. No sé las reglas, pero esencialmente apilan esos huesos y les tiran otros para derribarlos.

Sobre todo en Tailandia, pero también en Camboya, nos hemos encontrado con una variedad del “que no caiga al suelo”, por llamarlo de alguna forma (los peloteros seguro que conocéis un término para esto). Corro de personas (hombres como casi siempre) que se pasan una pelota entre ellos y no debe caer al suelo. La principal novedad es que en vez de jugar con un balón o una pelota de plástico el esférico es algo así como una esfera hecha con cañas entrelazadas. Como una cesta, pero con un trenzado menos “denso”, lo que hace que se deforme más al golpearla. A ver si me hago con alguna para llevarme. Semejante a esto, nos encontramos también con unos jugando con el conocido “volante” (parecido a uno de bádminton) de playa, para golpear con el pie o con la mano.

También hemos visto niños jugando en la calle al bádminton, a la goma, o al fútbol. Tampoco nos diferenciamos tanto.

Las apuestas están prohibidas, pero también es fácil encontrarse gente en los mercados que, para pasar el rato, juegan al bingo o a las cartas.

Incluso por la calle (literalmente, por la acera), es habitual encontrarse con gente jugando a lo que parece ajedrez o damas (aunque estoy casi seguro de que también juegan a alguna otra cosa en el mismo tablero).

Pasatiempos electrónicos (aparte del karaoke), haylos, pero no parecen tan frecuentes como en occidente, obviamente por el nivel de vida. En los mercados es fácil ver los tipicos clones de la NES a la venta, y “maquinitas” (handhelds) de Tetris y similar, aunque sólo una vez las he visto en uso (a una niña en la escuela de baile). Miento, en el mercado nocturno de Bangkok vi a dos jugando al PES en una Playstation 2. También hay un amplio mercado pirata de juegos de Playstation y PSP, aunque no sé cuántos camboyanos se las pueden permitir. Prácticamente no he visto consolas a la venta, pero sí juegos, así que parece principalmente para turistas y expatriados.

La lectura, voluntariamente o no, no parece uno de los principales pasatiempos. Apenas hay bibliotecas, y hay pocas librerías, y suelen estar dirigidas a los extranjeros. Laura nos cuenta también que es relativamente complicado encontrar libros aquí, especialmente originales. Casi todo son fotocopias, aunque de bastante calidad. De la Lonely Planet copian hasta las láminas a color, por ejemplo.

La música, sin embargo, parece que les encanta. Por todas partes hay altavoces con música estridente y puestos de venta de ¡cintas! o Cds piratas. A nosotros (en general) nos resulta hasta molesta, especialmente por el estridente timbre femenino, pero supongo que eso es por ser extranjero. Eso sí, todo suena a música tradicional, o a cutreproducciones en lata de teclado y sample. Es raro, raro, escuchar alguien cantando sobre una guitarra.

Por último, la televisión. Por todas partes verás que los bares locales tienen la distribución de las sillas como un cine, orientado a las televisiones (suelen tener varias, con el volumen a tope en varias). Y, sentados, hombres. Las mujeres trabajan, los hombres procastinan. Entre los jóvenes esto no parece tan claro y las cosas van cambiando, pero todavía estoy por ver a dos chicas sentadas en un bar sin trabajar allí (o sin ir a la caza del occidental).

jueves, abril 08, 2010

Él no te oye

Él no te oye

Para lo que a Ismael Serrano le basta con nueve palabras, yo necesito un texto completo (y no le llego ni a la suela, claro).


Él no te oye

canta esas canciones tuyas

para mí

sólo para mí

este noche.


Él no te ve

baila esas danzas tuyas

para mí

sólo para mí

esta noche


Yo te hablaré

de selvas y senderos,

de caña de azúcar,

de monjes que dicen “te quiero”,

de los relatos de mis sueños.


Él no escuchará la puerta

déjala abierta

para mí

sólo para mí

esta noche.

100404 Camino a Kampong Cham: especial negociación

100404 Camino a Kampong Cham: especial negociación


Hoy, ya desde casa, algo relajado para sonreir un poco.

Técnicas de negociación =D
. Con Laura y Baptiste estoy aprendiendo mucho de técnicas de negociación, algunas de las cuales espero aplicar en el trabajo =D. Puntos más importantes:
  • Obviamente eres turista. Igual en Londres consigues hacerte pasar por trabajador o estudiante allí, pero aquí no va a colar. Por tanto, siempre te la van a intentar meter doblada. Ten los ojos abiertos.

  • Todo es negociable. Triste pero cierto. Excepción: los puestos de comida callejeros. En general ahí siempre te tratan razonablemente bien y no van a hinchar los precios (al menos, nada que merezca la pena el regateo) respecto a lo que cobran a un local.

  • Los tuk tuk siempre te intentan sacar más dinero, pero tampoco demasiado. El problema es que como vas a usarlos mucho, conviene no dejarse engañar más que lo imprescindible. Si te mueves por el centro siempre te pedirán dos dólares (“¡pi dólar, pi dolar”) que siempre puedes bajar a 1.5$ como mínimo. Si te piden menos, mira el mapa porque el destino estará a la vuelta de la esquina. Ir a las afueras cuesta 3$ (ellos pedirán 4$ o 5$), e ir a destinos concretos más alejados, depende (consulta la Lonely Planet).

  • En textil, souvenires y demás te pedirán entre dos y tres veces el precio final por el que te lo dan, aunque eso depende de la oferta y demanda. Los mercados son especialmente interesantes en eso, porque tienes muchos puestos que venden lo mismo. Al buscar la maleta, en un sitio comenzaron pidiéndome 45$ por la misma maleta que otro comenzó en 25$. Si el precio de salida es excesivo, márchate, no pierdas el tiempo, porque no bajará demasiado y te tratará a patadas. Si es razonable, podrás negociar. La saqué por 16$, creo recordar. Los calzoncillos me costaron más búsqueda. Me pedían 2$ o 3$ por cada “Calvin Klain” (literalmente), ni de coña (un rastro en Valladolid es más barato), pero a buscar.

  • Intenta ir a sitios frecuentados por locales.

  • ... y mira cuánto les cobran a ellos.

  • Si se ponen a hablar entre ellos cuando les dices un precio es que puedes conseguirlo. En ese momento suele funcionar decir que “no, gracias” y te das la vuelta para irte :-). Es como conseguimos la maleta (entre otras cosas).

  • Enseñar el dinero también da resultados (siempre que pidas algo razonable, claro). Es como conseguí el pañuelo a 2000 rieles (¡comenzó pidiendo 3$ el tío!).

  • Baptiste y Laura son más de gesticular y teatrillo, pero saben camboyano y eso les da ventaja. Seguro que si te consigues aprender al menos los números consigues arañar unos cuantos rieles.

miércoles, abril 07, 2010

Ya nadie arregla nada

Ya nadie arregla nada

El afilador hace su labor en la acera de Roma, junto las motocicletas que zumban cerca de los agudos filos de los cuchillos ya pulidos. La piedra le ha endurecido también las manos, y sumerge sus llagas en un barreño de agua salada, mientras mira el cielo y sonríe. Sin duda piensa que esta será, por fin, su última reencarnación. La pila de mellados cuchillos mira la tienda de enfrente, donde se ofrecen nuevos y brillantes por menos de lo que cobra el hombre por derramar su sangre en el barreño, que apenas le proporciona un cuenco diario de fideos. “Esta será mi última reencarnación, sin duda”, piensa, mientras se da cuenta, un día más, de que es el último afilador del país. “Este mundo ya no arregla nada”, sentencia en voz alta. Una moto acelera, pasándose el semáforo en rojo.

A las afueras de Bangkok un niño desmonta un televisor en un vertedero. Lo ha hecho tantas veces que podría componer uno nuevo cogiendo una pieza de cada modelo. Sabe que en el fondo son todos iguales, a pesar de que los ricos se dejan convencer, año tras año, de que su equipo ganará más partidos en una reluciente pantalla plana. Una bombilla se rompe al intentar desenroscarla, pero los cristales topan en callo y símplemente pasa a la siguiente pieza. Por la tarde recorrerá los talleres a probar suerte. “No todos los días pueden ser tan malos como el de ayer”, se repite, recordando que el carro volvió a casa tan lleno como salió y su madre le obligó a dormir fuera. “Ya nadie arregla nada”, le decían. Una rata corría entre la basura, buscando algo que llevarse a la boca.

En Madrid, una mujer vacía sus armarios. Su marido, con una cerveza, disfruta del futbol en su televisión plana, ignorando sus lamentos, de los que está cansado. Necesita tres maletas sólo para lo imprescindible, piensa, mientras le grita lo que piensa de los años perdidos. “Que calle ya”, es lo único que se le pasa por la cabeza. Demasiados años de reposiciones. Ella tira los cajones al suelo. Astillas en el dormitorio. Cuando sale, un taxi la espera. El vecino, que pasea al perro, la ayuda a meter su vida en el maletero. Demasiados años escuchando peleas tras las paredes como para preguntar. Ella lo sabe. Un abrazo y un beso, y deseos de felicidad al cerrar la puerta. “Ya nadie arregla nada”, piensa mientras el taxi se aleja hacia el aeropuerto. El perro ladra, y prosigue su paseo nocturno.

Viaje a Camboya: 100403 Phnom Penh (III): cultura khmer y más

100403 Phnom Penh (III): cultura khmer y más

Último día en Phnom Penh.

Por la mañana, visita al Museo Nacional de Camboya, donde puedes encontrar un recorrido por la historia del país a través de su escultura, orfebrería y otros objetos (armas, sillas...). Si has visitado Angkor y unos cuantos templos no verás nada nuevo, pero es un buen momento para dar un repaso, al menos por encima, a parte de la historia y religión de la zona. Camboya en la actualidad es principalmennte budista, pero se mezclan otras religiones y tradiciones, especialmente hinduísta, haciendo difícil para los profanos como yo enterarse de lo que estás viendo. Deberías salir del museo al menos distinguiendo entre vishnu, shiva, buda y sabiendo qué son las nayas :-).

De ahí nos fuimos a hacernos con una maleta (últimamente salimos a maleta por viaje, nos cargamos todas) al mercado próximo a la guest house (. Estamos alojados en Capitol, la guest house más antigua de Camboya, y por 10$ el día tienes, en pleno centro, habitación doble con baño, tele (que no usarás), aire acondicionado y ventilador. Estos dos últimos elementos son un eficaz antimosquitos por la noche. En esa misma calle tienes un restaurante llamado Dragón, con wifi, la cual llega a la guest house, por si te interesa tomar una cerveza en el happy hour y tener wifi (probablemente) en la terraza durante toda tu estancia :-). También tienen un funcional (barato) restaurante, y el transporte más barato de la ciudad a casi cualquier parte.

¡Happy hours, por cierto! Casi todos los locales tienen, y en general no es una hora, sino medio día, de algún producto más barato. Dragon, por ejemplo, tenía una cerveza (Lao, bastante mala), por menos de un dólar. Dependiendo del local la oferta será una u otra.

El mercado en cuestión se llamaba Orussey, pero en la ciudad te encontrarás con varios similares (siendo los más importantes el de “los rusos”, el “nocturno” y el “central”). Todos son similares: estructura cubierta (normalmente edificio monumental de hormigón), con multitud de puestos pequeños (4 metros cuadrados aprox.) agrupados por sectores (textil, alimentación, peluquerías...). Nula ventilación y refigeración (a sudar), y a negociar por cualquier cosa. Recomendación: busca los puestos más alejados y menos frecuentados por turistas. Por ejemplo, el “nocturno” es especialmente prescindible: la parte de alimentación probablemente no te interese (a menos que te hayas hecho con alojamiento con cocina, cosa poco probable) y el resto está orientado a turistas. En general los camboyanos son amables y simpáticos, pero los vendedores (y conductores y demás) que están más en contacto con turistas son más ariscos). En dicho mercado nocturno hubo dependientas que se me enfadaron por pedirlas calzoncillos a dólar (cosa que conseguí en un puesto más alejado). Están muy acostumbrados a que los extranjeros nos dejemos timar con facilidad.


Tras el mercado, intentamos ir al boxeo, pero un conductor torpe provocó que perdiésemos una hora para nada. A veces ahorrarse medio dólar no compensa. Hay que tener cuidado, hay algunos que se ofrecerán a llevarte sin saber siquiera dónde vas.

Sin embargo, conseguimos llegar a la escuela de danza clásica khmer Apsara (“Apsara Arts Association”). Es una escuela que da acceso libre a los ensayos, de 7:30 a 10:30 y de 14:00 a 17:00. Entrada gratuita a un teatrillo de madera, en el que los niños (10-20 años, aprox) bailan, con banda en directo (adultos) incluída. Merece la pena, pero deja al menos un donativo ;-). Los de la escuela son simpáticos, hacen una buena labor con los niños (de los niños y la pobreza comentaré algo después) e incluso reparten agua al comenzar. No sólo puedes hacer fotos (sin flash, por favor), sino que al final incluso posan (orquestados por la profesora). El espectáculo en sí está bien, es algo que debes ver si vienes por aquí, aunque personalmente se me hace algo pesado (gustos personales). Hacer fotos mientras es un buen pasatiempo de todas formas.

Al salir, uno de los momentos más duros de las vacaciones. La escuela está situada en una calle (relativamente) rápida y con tráfico, y acababa de ocurrir un accidente. Una mujer estaba tendida en el suelo, alguien había chocado con ella (iba en moto, que estaba en medio de la carretera) y se había ido. Había mucha gente alrededor, y al poco nos fuimos porque no ibamos a poder hacer nada que no pudiesen ellos mejor que nosotros. Estaba consciente, así que supongo que sería alguna fractura. Días atrás yo había comentado que el trafico de allí, pese a ser demencial, no era mortal: como se circula tan despacio, casi todo se reducirá a chapa y pintura. El problema viene cuando eres tú el que necesitas atenciones. Algo que en España no sería grave (en un par de minutos tendrías una ambulancia y en poco más tendrías localizadas las fracturas y te estarían atendiendo) aquí puede ser mortal. La quitaron el casco y se la llevaron en moto (uno conduciendo y otro llevándola en brazos).

Por la noche fuimos a ver combates de boxeo khmer, Nota: khmer = camboyano, pero te interesa conocer el término, lo verás por todas partes. Si vas a la ciudad, pregunta. Parece que son muy frecuentes los fines de semana en las televisiones locales, y la entrada es gratuita. Lleva un teleobjetivo, las mejores fotos las conseguirás desde las gradas ;-). Los de seguridad son razonables y te dejan pegarte al cuadrilátero si así lo deseas, de todas formas. Eso si, más de dos horas es un poco excesivo si no eres aficionado. Seguro que salimos en la tele, prácticamente éramos los únicos extranjeros del lugar y estábamos los tres seguidos haciendo fotos como locos =D.


martes, abril 06, 2010

Despertar en una nueva habitación

Despertar en una nueva habitación


Despertar

En terciopelo, colchón circular

Sin recordar

Sin poderme levantar

Soledad


Mi corbata en al sofá

Ginebra sin acabar

Dos anillos, un disfraz

Dos copas, un antifaz

Soledad


En la puerta te veo

Mojado tu pelo

Espuma en tu cuerpo

Una llave entre tus dedos

Y un beso


La nueva sala para el juego

Nuestra casa, nuestro secreto

Diversión sin tablero

Seda, cuero, hielo

Habitación del deseo

Viaje a Camboya: 100402 Phnom Penh (II): microeconomía, comida y bebida

100402 Phnom Penh (II): microeconomía, comida y bebida

Como hoy no ha sido un día demasiado intenso para contar, voy a extenderme un poco en la microeconomía para turistas en Camboya :-)

Por la mañana, tras desayunar a la Khmer (arroz frito) hemos ido al Palacio Real en tuk tuk, y han vuelto mis problemas con las negociaciones, con un intento de timo. El precio acordado por la carrera eran 1.5$, y el conductor, por dos veces y de manera muy obvia, ha intentado engañarnos dándonos mal la vuelta. Al final he terminado gritándole que ahora era yo el que le tenía que pedir más dinero, y que era un ladrón y un jeta. Estas cosas me sacan de quicio, lo siento. Aquí levantar la voz a alguien es una falta de respeto muy grande, por cierto, y ni se ha molestado en contestarme. Veo legítimo (no me gusta, pero esa es otra cosa) que en la negociación pretendan sacar algo más de dinero, pero que me intenten engañar es pasarse de la raya.

Hablando de dinero, aquí se usan dólares para las cantidades mayores de 4000 rieles (que equivalen a un dólar), y los rieles sólo para la “calderilla”. Hay unos billetes de 50 rieles (echad cuentas) con los que la gente hace bonitas flores, no valen para mucho más. A el del tuk tuk anterior le dimos 5$ y pretendió devolverme 2000 rieles...

Otra cosa importante a la hora de poder estimar cuánto valen este tipo de cosas es saber que el sueldo medio de un camboyano está alrededor de 4$-6$ al día. Aquí según te montas en un tuk tuk te piden 2$, vayas donde vayas, lo cual siempre es rebajable. O las botellas de agua, por las que a menudo pretenden cobrar 1$ (por las de medio litro), cuando perfectamente las puedes comprar a 1000 rieles (por la calle). Con la de botellas que son necesarias para pasar este calor, este ahorro no es ninguna tontería.


Retomemos el diario del día.

El Palacio Real es algo que hay que ver si vienes, pero tampoco es nada del otro jueves. Es un conjunto de edificios muy bonitos, en los que se exhiben joyas y tesoros. Mucho oro, mucha plata, y muchos budas. Lo más interesante, la parte del patio donde hay un monumento por cada rey difunto, y la pagoda de plata (llamada así por sus “azulejos” de plata). Entra con agua, por cierto, porque cobran las botellas a un dólar ¬¬.

Después visitamos Wat Phnom, el lugar donde al parecer se fundó la ciudad. Es un pequeño montículo coronado por una pagoda y rodeado por un parque (que aquí escasean, así que se agradece). El parque está poblado por monos. Nota: si pretendes acercarte a ellos con la cámara, asegúrate de que has puesto los filtros en los objetivos, a veces se ponen violentos xD.

Acabamos el día tomando una copa en una zona de bares. Tipico pub con billar, grupo de música en directo, y camareras. Mañana hablo algo acerca de los juegos en este país :-).


viernes, abril 02, 2010

Escritura rápida

Escritura rápida


Uno, dos, tres, cuatro,

flexiona más esos brazos.

Más rápido, más fuerte, soldado,

ninguna guerra se ganó llorando.


Una línea, dos líneas, tres más en la hoja,

ejercicios de barata prosa,

escritura rápida en la mañana ociosa,

ojos llorosos, pluma rabiosa.


Una canción, dos canciones, tres en los oidos,

tesoros de los que realizar expolios,

robar palabras, frases, ripios,

semillas que germinan en mis sentidos.


Escribe, escribe, escribe,

nada es bueno, nada vale, pero sigue,

persigue el sueño que te persigue,

piensa en tu musa, haz que te inspire.

100401 Phnom Penh (I)

100401 Phnom Penh (I)

Esta ciudad es una locura. ¿Cómo explicarlo? Veamos. Ayer, en un cruce, veíamos cómo las motos se metían con toda tranquilidad por el carril en dirección contraria, estando este atestado de tráfico. Laura vio a un guardia de tráfico y le dijo que no, que las cosas no deberían ser así, y el guardia se rió. Así es Phnom Penh, y así es Camboya en general. Una ciudad y un país con un sistema, deficiente pero sistema, con normas, que no se vigilan pero ahí están, y con gente que, en general, se las apaña en esa maraña. Hay que tener en cuenta que sólo hace 40 años salía de una guerra civil de más de 30 para meterse después en la atroz dictadura de los Jemeres Rojos, genocidio incluído, que destruyó gran parte del país.

La mañana comenzó con una visita a una cafetería para expatriados junto al Palacio Real, y una fallida visita al mismo. Marta no iba con los hombros cubiertos y el truco del pañuelo esta vez no funcionó, así que nos tuvimos que ir.

Tras reunirnos de nuevo con Laura nos fuimos al Museo del Genocidio. Los Jemeres Rojos reconvirtieron un colegio de las afueras en cárcel, el “S11” (“Sistema de seguridad 11”) y lugar de torturas y asesinatos, y ahora se ha convertido en un museo para recordar por lo que ha pasado el país.

Voy a intentar resumir en pocas líneas las características del periodo de gobierno de los Jemeres Rojos, espero que Laura lea esto y me corrija los errores :-).

Camboya estuvo más de 30 años sumida en una guerra civil, que concluyó en el momento en que los Jemeres Rojos (“Khmer Rouge”, creo, apoyados, entre otros, por China, Tailandia y Estados Unidos, en plena Guerra Fría) entraron triunfantes en Phnom Penh, con el general Pot Pot a la cabeza. El objetivo de estos era instaurar un sistema comunista basado en la producción agrícola (esto es una suposición generalizada, en ningún momento fue declarado así). En el mismo momento de la entrada en la ciudad mataron a todos los militares y otros relacionados con el regimen anterior, y obligaron a la gente a marcharse de allí. Les engañaron diciendo que volverían en 20 días, cosa que nunca ocurrió. Los habitantes de las ciudades del país fueron reubicados forzosamente en el campo. El objetivo del nuevo regimen era duplicar la producción de arroz y, con él, alimentar a toda la población y, con el excedente, exportar para la compra de combustible, maquinaria y armamento, de ahí la necesidad de llevar a la gente a los campos de cultivo. Sin embargo, estos antiguos habitantes de las ciudades eran considerados “impuros”, y fueron siendo asesinados, junto con cualquier persona formada, con estudios, o que fuese considerada corrompida por el imperialismo de alguna forma. Imaginad el impacto que puede tener en la actualidad el hecho de que hace escasamente veinte años se exterminase a todos los médicos de un país.

El sistema, obviamente, fracasó. La producción de arroz fue insuficiente, y los Jemeres no dejaron de utilizarlo como moneda de cambio con el exterior, así que provocaron que gran parte de la población muriese por inanición. Se fueron realizando matanzas indiscriminadas. Se estima que los Jemeres mataron a unos 2 millones de camboyanos, aunque a pocos directamente. La mayor parte de sus asesinatos los cometieron de forma indirecta, dejándoles morir de hambre.

Finalmente fueron derrocados por Vietnam, país al que habían estado realizando incursiones ofensivas, de forma un tanto inexplicable. En la actualidad existen procesos judiciales abiertos contra ellos, con cargo de genocidio, pero los principales responsables ya han fallecido. En el museo se pueden ver las aulas reconvertidas a cárceles, con los instrumentos de tortura que utilizaron, y fotografías de los asesinados.

Comimos en un restaurante khmer (camboyano) cercano y nos fuimos al Mercado Ruso, uno de los muchos mercados de puestecillos que abundan en la ciudad. Unas pocas compras, y a la guest house a descansar un rato.

Salimos a tomar algo a un bar que bien podría ser la versión camboyana de la Ferroviaria :-). Mesas y mesas con grifos de cerveza portátiles y jarras. Interesante variar respecto a tanto lugar para expatriados, que son todos iguales. Una cerveza en uno de estos vale normalmente dólar y medio, y allí por ese dinero teníamos una jarra. Estuvimos charlando un poco con uno de allí que pretendía acabar con las existencias, de hecho, y le preguntamos un par de curiosidades a las que sólo nos respondió con brindis. Para empezar, en el bar no había chicas. Seríamos unas 80-100 personas allí, y sólo vimos una chica, y parecía ser novia de uno (y, además, duró poco allí). Le preguntamos dónde estaban las chicas de su edad, y ni nos respondió. Aunque con las nuevas generaciones esto se va corrigiendo, es bastante generalizada la visión de la mujer como la que trabaja y saca la casa adelante, y el hombre sin hacer nada, viendo la televisión en el bar. Allí prácticamente todo el personal era femenino, y la clientela, masculina.

Y en una mesa había una caja de preservativos (como una caja de servilletas, pero con condones, básicamente), y tampoco me quiso explicar porqué :-).

Tras un par de jarras de cerveza, a cenar. Ancas de rana (pollo frito), otro par de cosas, un último trago en otro bar, y a dormir.