viernes, abril 09, 2010

100404 Camino a Kampong Cham: especial ocio khmer

100404 Camino a Kampong Cham: especial ocio khmer

Las personas, en cuanto conseguimos cubrir lo muy elemental (y a veces incluso antes), queremos ocio. Una de las cosas en las que nos venimos fijando desde que hemos llegado es en qué invierten el tiempo libre los camboyanos. Aquí no hay equisboxes y playestations tres, pero es habitual ver a la gente jugando y pasando el rato en otras cosas que no sean trabajar o esquivar motos. A continuación, una recopilación.

Quizá lo principal es el billar. No encontrarás un bar con una máquina electrónica, pero las mesas de billar son el pan nuestro. Hacía años que no jugaba así que no soy rival para nadie aquí (bueno, gané a un yanki), y es que hay mesas por todas partes. Yo he jugado sólo en bares de expatriados, pero es deporte nacional. Hemos visto billares en mercados en medio del campo, en casas de campesinos... En un bar jugamos con unos que bien podían ser de la rara clase media/alta de aquí, y me pasaron por encima (educadamente, eso sí). Suele haber una pizarra en la que apuntas tu nombre para jugar contra el que haya ganado la partida anterior (no hemos visto ninguno de monedas, todos son gratis). Como probablemente no puedas comunicarte con tu contrincante, que sepas que tres golpes en el lateral de la mesa significan “buen golpe” :-). Lo más complejo será acordar las reglas, porque cada bar tiene las suyas. Es bastante habitual encontrarse que tras una falta el otro puede coger la blanca y colocarla donde quiera, aunque sólo tiene un golpe (no dos como habitualmente). De todas formas a base de gestos te apañas bien.

Hay una variedad que desconocía, el billar a 9. No he jugado, pero suena divertida. La disposición inicial es en rombo en lugar de triángulo. El objetivo es meter la de mayor número (9), y la regla fundamental es que, con la blanca, la primera bola que debes tocar de la mesa es la de menor valor.

En un mercado nos encontramos un grupo jugando a la petanca (a saber cómo lo llaman aquí). Exactamente igual que nosotros.

Siguiéndole muy de cerca, tras el billar nos encontramos el karaoke. Incluso nos hemos traído un VCD para demostrarlo =D. Cualquier tienda tiene cientos (literalmente) de vídeos de karaoke (piratas, por supuesto), hay un canal de televisión dedicado, y hasta en los autobuses lo ponen. Es muy fácil encontrarse con que estás comiendo en uno de los puestos a ras de suelo y los chavales (y no tan chavales) están cantando detrás. O en bodas... En serio, está por todas partes. Y no, no cantan especialmente bien. Si Sony cuela una versión a bajo coste de la PS2 (creo que lo hace en otros países, especialmente sudamericanos), se hincha a vender micros de Singstar. Apostaría a que no lo ha hecho por la altísima tasa de piratería.

En un mercado encontramos unas cosas que no sabíamos para qué servían. Eran huesos de una fruta, y la apariencia era de canto rodado, bastante planos, como de madera pero más ligeros, de tamaño como la palma de una mano. Marta y Laura se encontraron una noche con unos niños jugando con ellos a algo así como los bolos. No sé las reglas, pero esencialmente apilan esos huesos y les tiran otros para derribarlos.

Sobre todo en Tailandia, pero también en Camboya, nos hemos encontrado con una variedad del “que no caiga al suelo”, por llamarlo de alguna forma (los peloteros seguro que conocéis un término para esto). Corro de personas (hombres como casi siempre) que se pasan una pelota entre ellos y no debe caer al suelo. La principal novedad es que en vez de jugar con un balón o una pelota de plástico el esférico es algo así como una esfera hecha con cañas entrelazadas. Como una cesta, pero con un trenzado menos “denso”, lo que hace que se deforme más al golpearla. A ver si me hago con alguna para llevarme. Semejante a esto, nos encontramos también con unos jugando con el conocido “volante” (parecido a uno de bádminton) de playa, para golpear con el pie o con la mano.

También hemos visto niños jugando en la calle al bádminton, a la goma, o al fútbol. Tampoco nos diferenciamos tanto.

Las apuestas están prohibidas, pero también es fácil encontrarse gente en los mercados que, para pasar el rato, juegan al bingo o a las cartas.

Incluso por la calle (literalmente, por la acera), es habitual encontrarse con gente jugando a lo que parece ajedrez o damas (aunque estoy casi seguro de que también juegan a alguna otra cosa en el mismo tablero).

Pasatiempos electrónicos (aparte del karaoke), haylos, pero no parecen tan frecuentes como en occidente, obviamente por el nivel de vida. En los mercados es fácil ver los tipicos clones de la NES a la venta, y “maquinitas” (handhelds) de Tetris y similar, aunque sólo una vez las he visto en uso (a una niña en la escuela de baile). Miento, en el mercado nocturno de Bangkok vi a dos jugando al PES en una Playstation 2. También hay un amplio mercado pirata de juegos de Playstation y PSP, aunque no sé cuántos camboyanos se las pueden permitir. Prácticamente no he visto consolas a la venta, pero sí juegos, así que parece principalmente para turistas y expatriados.

La lectura, voluntariamente o no, no parece uno de los principales pasatiempos. Apenas hay bibliotecas, y hay pocas librerías, y suelen estar dirigidas a los extranjeros. Laura nos cuenta también que es relativamente complicado encontrar libros aquí, especialmente originales. Casi todo son fotocopias, aunque de bastante calidad. De la Lonely Planet copian hasta las láminas a color, por ejemplo.

La música, sin embargo, parece que les encanta. Por todas partes hay altavoces con música estridente y puestos de venta de ¡cintas! o Cds piratas. A nosotros (en general) nos resulta hasta molesta, especialmente por el estridente timbre femenino, pero supongo que eso es por ser extranjero. Eso sí, todo suena a música tradicional, o a cutreproducciones en lata de teclado y sample. Es raro, raro, escuchar alguien cantando sobre una guitarra.

Por último, la televisión. Por todas partes verás que los bares locales tienen la distribución de las sillas como un cine, orientado a las televisiones (suelen tener varias, con el volumen a tope en varias). Y, sentados, hombres. Las mujeres trabajan, los hombres procastinan. Entre los jóvenes esto no parece tan claro y las cosas van cambiando, pero todavía estoy por ver a dos chicas sentadas en un bar sin trabajar allí (o sin ir a la caza del occidental).