lunes, abril 12, 2010

100405 Kampong Cham (I)

100405 Kampong Cham (I)

Hemos pasado dos noches en Kampong Cham, días intensos de no parar, y lejos de wifi (aunque hemos hecho dos incursiones a un cyber), así que ni he escrito ni he actualizado nada.

Kampong Cham es un pueblo-ciudad algo más grande que Kampot, pero con bastante más apariencia de ciudad que ésta. Está atravesada por dos ríos, el XXX y el XXX. Recientemente se ha construido un puente que atraviesa este último, lo cual ha reavivado su actividad comercial. Por lo demás, una ciudad camboyana: mercado, puestos callejeros y motos (aunque con un tráfico lejos de la locura de la capital).

No es un destino turístico habitual, aunque hay dos o tres bares para extranjeros y unas cuantas guest houses. En general todo el mundo (especialmente los niños) se nos quedaba mirando constantemente, a menudo riéndose con/de nosotros. Al respecto de esto, durante todo el viaje nos hemos encontrado con esta actitud de curiosidad hacia nosotros (algo menos en las zonas turísticas, donde la actitud era de descarado interés), pero en general la percepción de la misma era positiva. Siempre habíamos notado que “caes simpático” por ser occidental/extranjero, y se ve intención de ayudarnos. Sin embargo, aquí, por primera vez, hemos notado unas cuantas personas (casos aislados, pero más de lo normal) que nos miraban mal, literalmente. En un bar (de un inglés) había un mapa de los bombardeos de Estados Unidos en la zona, y ésta estaba en rojo, igual se ha heredado una cierta animaversión por los extranjeros por esto.

El primer día llegamos a la hora de comer. Las chicas eligieron la guest house tras descartar la primera. Yo no ví ninguna, pero no quiero ni pensar cómo era la primera si se conformaron con la segunda, con arañas y un baño tirando a pobre, entre otras cosas. Pero bueno, sólo iban a ser dos noches allí. Al menos teníamos vistas al río.

Comimos en un chino frecuentado por camboyanos, y una de las “camareras jefe” (no sé cómo llamar a una de las que atienden y mandan al resto) se mostró muy simpática... hasta que le dijimos que no, que no queríamos Becks. Angkor Wat es la cerveza nacional, y está razonalemente bien (estilo Mahou), no, no quiero pagar el triple por una cerveza para acompañar la comida, señora.

Por la tarde, paseo para ver el pueblo bajo la atenta mirada de los locales. Una de las muchas cosas curiosas de este viaje son los puestos de dulces. Paramos en uno que tenía “sopas dulces” (por llamarlo de una manera). Las hay con gelatina, lentejas, guisantes.., en general todo aderezado después con almíbar y/o leche de coco. Yo cogí una negra (tanto el líquido como los trozos que flotaban en él) que resultó ser gelatina de té. Un poco empalagoso, pero bueno. Eso sí, mala combinación con el café. Acabamos la tarde viendo el mercado y dimos otra vuelta más, para comprobar que no era muy grande. Después, cena (si alguna vez os ponen un plato con dos bolsas de noodles instantáneos no os comáis todo), paseo para intentar hacer la digestión, y a la cama, que el día siguiente sería intenso.