viernes, abril 09, 2010

Verdugo

Verdugo

El “click” del maletín de las herramientas pone el punto final del ritual semanal. Los instrumentos están limpios y listos para la siguiente, colocados meticulosamente en sus compartimentos.. Bisturí, escalpelo, sierra... Todos brillantes tras el purificador baño en lejía.

Cuando sube las escaleras del trastero y apaga las luces, la esterilizada mesa de operaciones proyecta una temblorosa sombra sobre el juego de correas de cuero. Sólo el fuego de la incineradora ilumina la estancia. Dentro, tras la puerta metálica, entre las llamas, la figura comienza a dejar de intuirse humana, para volver a las cenizas de las que salió. Hace unas horas habría suplicado por adelantar este momento y terminar el sufrimiento. Ahora, vacío, nada. No hay salvación, no hay reino de los cielos, no hay nirvana. Lo que ese hombre fue una vez, acabó en la mesa, entre monstruosos gritos de sufrimiento, sangre y miembros parcialmente amputados.

En el extremo romo del bisturí, un ser que una vez fue humano. O que no lo fue nunca, pero que un tiempo estuvo latente bajo una máscara de persona convencional, sumergida en la habitual mediocridad que nos rodea, para después erigirse como punto y final de ésta.

En el afilado, él, que, juzgado por su verdugo, fue condenado a la tortura y el martirio en la mesa, pena de muerte por múltiples cargos imperdonables. Dejar pasar la vida como quien ve pasar un tren. Desplazarse en la inercia del mundo que le rodeaba. No disfrutar de un atardecer, ni de una copa de vino, ni del cuerpo de una mujer. Sólo ser, sólo existir. Vagar, no vivir. Estar, no sentir.


La semana que viene...



...podrías ser tú.