domingo, agosto 15, 2010

Caja de herramientas

Encendí la luz de la lámpara y abrí la caja de herramientas. Ante mí, un problema que abordo con frecuencia. Hay trabajos repetitivos, como este, condenados a ser resueltos una y otra vez, pero así debe ser. Normalmente me muestro reacio a las tareas recurrentes: me gusta la automatización, me gusta obrar una única vez, bien. Pero siempre hay excepciones. Hay ocupaciones de las que no me cansaré nunca, visiones en las que siempre disfruto, sensaciones adictivas. Los años pasarán y ciertas cosas seguirán siempre igual.
Lo que no tiene excepciones en mi vida es la selección de herramientas. Siempre la más adecuada para cada tarea. Si algo no es eficaz, no lo quiero. Precisión de escalpelo. Potencia de motor Ferrari. Resistencia de diamante. No me conformo con menos. Si no sabes elegir las herramientas es síntoma de que no conoces realmente tu trabajo.
Y aptitud y aprendizaje, por supuesto. Imposible funcionar correctamente si tu cabeza no conoce los botones a pulsar o si tus dedos no alcanzan los resortes adecuados.
Una hora más tarde las herramientas volvieron a la caja de nuevo, listas para el próximo trabajo. Tu cuerpo todavía se retorcía sobre un sutil cerco de sudor en las sábanas. Sonreías. Y yo. La placentera sensación del trabajo bien hecho.